“A la gente le gusta la calle Larios, pero ponen un bar debajo y se escandaliza”

Pablo López está al frente de El Rinconcillo, epicentro del tardeo almeriense

Pablo López en la esquina con más encanto de El Rinconcillo.
Pablo López en la esquina con más encanto de El Rinconcillo. José Márquez

Pablo López (Almería, 1983) estudió Arquitectura y está al frente de dos de los bares de moda en la ciudad: Patio de Vecinas y El Rinconcillo, local que solo dos meses después de su inauguración se ha convertido en el motor del tardeo almeriense. Con la apertura de ambos locales, ha revitalizado zonas deprimidas del centro. En esta entrevista, el joven también reflexiona sobre la hostelería y la capitalidad gastronómica Almería 2019.


El Rinconcillo se ha convertido en dos meses en epicentro del tardeo, ¿cómo lo ha hecho?
Ha influido que se trata de un espacio diferente, un concepto con un estilo muy madrileño que no existía en Almería. Un local abierto a la calle con techos altos, una gran cristalera y, luego, la muralla.


Todo el mundo dice que la ubicación es buena, pero nadie la había visto en treinta años que llevaba cerrado. La gente venía a esta zona a tomarse el americano y se iba.

¿Cree que se trata de una moda pasajera?
No creo, ha pasado la Navidad y sigue a tope. Es una cuestión de que no hay otro igual en Almería y te sientes diferente en él.

¿Cómo lo han recibido los vecinos?
Los conocidos están contentos por la recuperación del espacio, que estaba deprimido. Como los quioscos no tienen baños, mucha gente hacía sus necesidades aquí. Lo que pasa es que también ha habido alguna queja: una vecina que dice que en su casa hay un murmullo de fondo. Y eso que los fines de semana estamos cerrando antes de tiempo. Mi intención inicial era fomentar la costumbre de tomar el vermú a mediodía.

Con Patio de Vecinas también contribuyó a recuperar una zona deprimida.

Claro, y no te lo agradecen. Patio de Vecinas ha puesto en valor la calle del Arco, que nadie sabía dónde estaba y era un sitio por el que ni siquiera se transitaba por la peste a orines. Ahora vienen los turistas a hacer fotos. 
 
En sus dos locales se nota su mano de arquitecto.

Sí. En El Rinconcillo, por su forma tan estrecha con solo cuatro metros de ancho, y el sitio donde está, con el acceso a los Refugios tapándonos, hubo dificultades a la hora de plantear el negocio. Yo tenía en mente el típico bar de Sevilla con una zona de barra muy amplia. Quería convertirlo en un sitio de paso donde la gente pudiera beberse una cerveza o un vermú por 1,40 euros sin obligación de tomar tapa. No buscaba un bar de copas  aunque tenemos licencia para la música en directo.

¿El hallazgo de la muralla le causó problemas?

Cuando empezamos a picar el yeso de la pared, encontramos los sillares que formaban parte de la muralla de Almería, de la Puerta de Pechina. Entonces vino la Policía Autonómica a preguntar y la Junta nos paró la obra hasta ver qué teníamos aquí, pero pudimos seguir adelante respetando la estructura original y tomando una serie de medidas.


¿Qué le pasa a los bares de Almería los domingos?

Patio de Vecinas a mediodía y El Rinconcillo por la tarde están hasta arriba los domingos. Eso ha cambiado, al menos en mi zona; hemos cambiado el chip. La gente se sigue yendo a la playa y a los pueblos, pero no tanto. Los hosteleros estamos dando la oportunidad de que el centro no se muera. 

¿Echan de menos más facilidades? Me refiero a la normativa municipal de ruidos y terrazas.

Hay que cumplir con la normativa existente aunque el horario con respecto a las terrazas sí me parece complicado. Es una pena que haya personas que vienen vendiendo las bondades de ciudades como Córdoba, Sevilla y Málaga, vertebradas en torno a la hostelería, y no son tolerantes con estas cosas; parece que no lo quieren para su ciudad


Los bares no son el mal de la sociedad, al contrario. La gente dice: ‘Qué bonita está la calle Larios’, pero que no le pongan un bar debajo de casa que se escandaliza. Relájate un poco, ¿no?

¿Ha notado el empuje de la capitalidad gastronómica Almería 2019?
Creo que podía haber sido una apuesta mucho más potente y se ha quedado en tierra de nadie, por lo menos para el local pequeño. Igual los políticos se han paseado mucho por Madrid...


El problema básico de Almería es la falta de turismo, no es posible llegar en un tiempo normal. Hemos tenido algo de Murcia y Granada, a dos horas en coche. Pero no va a venir gente de Madrid en un viaje de seis.

¿Y es de los que piensa que la tapa daña la gastronomía de Almería?

El tipo de tapa que se hace hoy tiene un nivel que no es el de la que iba incluida con la bebida. El antiguo montadito de lomo sí es asumible, pero nos hemos acostumbrado a grandes cartas con productos de calidad y si no tienes una gran rotación, es imposible. La solución igual puede pasar por apostar por la tapa gourmet o por simplificar las tapas de cortesía como hacen el Minibar, el Bonillo o el Puga. Lo que está claro es que el negocio es insostenible con una caña y tapa de calidad a 2,50 euros.

 

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