Coge el ‘botijo’ si vas a la feria

Esos trenes que traían a los turistas de tierras vecinas

Precios y destinos de los trenes botijo del año 1909
Precios y destinos de los trenes botijo del año 1909 La Voz

Almería estrenaba en su feria programa de mano con nuevo diseño. Un tríptico con el mismo dibujo del cartel en su portada. Era colorido, atractivo, tal y como pretendía ser la celebración de ese año, el de 1903, que con dos batallas de flores y serpentinas, un castillo de fuegos artificiales y una gran fiesta veneciana, quería darlo todo para poner ilusión a los vecinos de esta ciudad. La misma ilusión que despertaba la corrida de toros de Anastasio Martín a manos de las cuadrillas de Mazzantini y Lagartijillo. No pretendo yo hacer análisis de esos festejos, mi desconocimiento taurino no se remedia ni con investigación sobre el tema así que eso se lo dejo a los entendidos, pero lo que sí es cierto es que la feria taurina de Almería despertaba interés más allá de los límites de la provincia y así venían a la capital a disfrutar de ella de tierras vecinas.


Facilitar esta afluencia de “touristas” (como los llamaba la prensa de la época) y tras comprobar que había interés, la Compañía del Sur se decide a poner en marcha el que fue el primer ‘tren botijo’ entre Granada y Almería. Saldría la noche del 20 de agosto desde Albolote para regresar la noche del 22 después de haber disfrutado de los toros y de la feria.


Los trenes botijo son, según la RAE, “trenes que en España, durante el verano, trasladaban, sin muchas comodidades, con destino a lugares de vacaciones” pero también se denominaban así a los servicios especiales que permitían a las ‘clases populares’ acudir a fiestas o eventos.



Dedicaba una columna La Crónica Meridional de aquel 21 de agosto de 1903 a este primer abrazo vía tren que Granada daba a la feria. Aseguraba que esta llegada permitiría “elevar el rango de las fiestas de Almería, haciéndoles el honor de merecer que se forme para presenciarlas un tren especial y que en él vengan muchos  animosos ‘touristas’ a pasar un día contemplando el anchuroso Mediterráneo”. Y es que a pesar de que se entiende que esos trenes botijos venían llenos de gente humilde, consideraba el columnista que muy al contrario “es el tren de la juventud y la alegría; el tren del buen humor, si vale la frase, que se derrocha por todos los que de él forman parte”. Vamos, que se iban a recibir con ganas a los viajeros. 


Vinieron en él 683 personas, señala El Regional, y no eran pocos. A ellos se les recibió en las escalerillas del Malecón, se les colmó de atenciones y felices se fueron hasta tal punto, que ya estaban esperando el servicio del año siguiente. Y vamos que si vino. Cuenta El Radical (haciéndose eco de una crónica de El Defensor de Granada) que en agosto de 1904 los botijistas harían su entrada en Almería “en un tren cuya locomotora estará vistosamente adornada con banderolas, gallardetes y guirnaldas. Sobre la máquina irá también la Tarasca, que lucirá un mantón de Manila terciado a la flamenca. En una mano llevará una bandera con la inscripción ¡Viva Almería! y en la otra un botijo. Del adorno de la locomotora de dicho tren se ha encargado el inteligente industrial Sr. Castro, quien decorará la máquina en Iznalloz”.  



Llegaron y llenaron la ciudad. Lo hicieron aumentando “la animación, recorriendo las calles y asistiendo a los cafés, círculos y espectáculos públicos que había anunciados. En los hoteles, fondas, posadas y muchas casas particulares la concurrencia era grande, reinando entusiasmo en todas ellas”. Y es que esto es lo que tiene el turismo, además de aportar gente reactiva la economía, ya lo sabían a principios del siglo XX.


Todo lleno
Hubo un amago en 1905 de que no hubiera ‘tren botijo’ y fueron los propios usuarios granadinos los que escribieron una carta al presidente de la Comisión de Festejos, Joaquín Laynez, para que mediara y no dejara en tierra a estos festivos viajeros. Y lo hizo consiguiendo que la Compañía del Sur finalmente trajera a unos 200 granadinos aficionados a los toros justo a tiempo de ver a Bienvenida, Relampaguito y Corchaito. 


Va creciendo la feria y el interés por venir a disfrutarla y de los trenes botijo pasamos a los ‘vapores botijo’. La primera en lanzarse a la aventura fue la Compañía Valenciana de Navegación que en 1907 pondría los vapores ‘Alcira’ y ‘Martos’ al servicio de la conexión entre Cartagena y Almería a siete pesetas y diez céntimos el billete en tercera clase, y diez pesetas con diez céntimos en primera. Esto supone que los vecinos murcianos se unan a la fiesta y que se abra la llegada por mar también para esos turistas que tanto quería la ciudad. Pronto se unieron los ‘botijos de Orán’ en el año 1910 o los de Melilla, todos para abrir la Feria de Almería y por tanto la ciudad, a aquellos que querían disfrutarla.


A modo de anécdota, y viendo con envidia que conectar la ciudad por tierra y mar parecía más fácil hace más de un siglo que ahora, me encuentro en el año 1908 con el que es el pan nuestro de cada día de los almerienses a bordo de un tren: una avería. Sería los botijos que volvían a Granada a finales de agosto. Antes de llegar a la estación de Benalúa de Guadix se incendiaban las zapatas de la locomotora del primer botijo y el segundo se quedaba sin agua no pudiendo abastecerse hasta llegar a Guadix por lo que el tren tuvo que transitar lentamente. Han pasado 113 años y no nos suena tan raro.

 

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