Los retratos del gran Luis Guerry

Hubo un Guerry almeriense que revolucionó la fotografía; y otro granadino que retrató a Lorca

Uno de los populares retratos femeninos de Guerry que lució en su escaparate del Paseo.
Uno de los populares retratos femeninos de Guerry que lució en su escaparate del Paseo.
Manuel León
22:31 • 20 ene. 2024

Existe el Luis Guerrero Zapatero ‘Guerry’ que llegó a Almería con 24 años, en 1933, con su cámara en ristre y revolucionó el arte del retrato provinciano almeriense, como legatario de aquel genial Victoriano Lucas. Casi todos tenemos una foto de nuestra madre fotografiada como una estrella de cine por el retratista aragonés ; pero existe otro Guerry, menos conocido, menos relatado, que es el que garbeó por Granada, un Guerry jovenzuelo y bohemio que se aficionó a la fotografía desde su pasión por el arte, recorriendo el Albaicín y el Sacromonte, atrapando ojos oscuros y bailaoras con bata de cola; un Guerry -entonces firmaba Guerri- que trabajaba para revistas granadinas como Granada Gráfica o Reflejos, donde fotografió a Federico García Lorca, en 1924, cuando  el malogrado poeta tenía 26 años y el fotógrafo era apenas un muchacho de 15. Muchos de esos trabajos iniciáticos están hoy en el Museo de la Casa de los Tiros de la ciudad de La Alhambra. Pero no solo fue el  autor de Poeta en Nueva York el que pasó por el estudio rudimentario que compartía Luis con su hermano José en aquellos tiempos de primera juventud. Gerry también retrató a celebridades de la época como el tenor Miguel Fleta, los hermanos Rosales -poeta y pintor-  el actor italiano Gustavo Re o el actor Buster Keaton. Sus pequeños éxitos granadinos animaron a los Guerry a abrir también una delegación con fotomatón -una técnica novedosa en la época- en la calle Sierpes de Sevilla. Luis Guerry fue toda su vida un trabajador incansable, un obseso de la fotografía en jornadas interminables desde la mañana hasta la noche.



Nació en Jaca (Huesca), en 1909, hijo de José Guerrero Membrado, un militar que fue destinado a Lanzarote, y de Ramona Zapatero. En la isla canaria pasó Guerry su niñez, hasta que el padre fue destinado a Granada, donde sus hijos debutaron como fotógrafos autodidactas con notable éxito. Se dejaron rebañar de ese ambiente bohemio estudiantil en pleno periodo republicano, hasta que sus padres, huyendo del frío granadino se avecindaron en Almería y con ellos Luis -José se quedó en Granada- que quiso probar fortuna en  esta ciudad sureña, más sosegada que Granada, donde se casó con la motrileña Antonia Valdivia y donde con el tiempo tuvo tres hijas: Mari Luz, Eva y Alicia.



Guerry se estableció antes de la Guerra en la Puerta Purchena frente a Rambla Alfareros, con laboratorio y casa que alquiló a Carmen Espinosa. Era una ciudad sin gran competencia en los negocios de fotografía, donde quien más sacaba la cabeza era entonces Antonio Mateos  y después Luis Ruiz Marín con sus reportajes.



Fueron unos años en los que Guerry aprendió todos los trucos del retrato, los juegos de luces, los claroscuros. El genial fotógrafo aragonés se transformaba, según recordaba su hija Alicia, cuando entraba enérgico en el estudio, cambiando posiciones, elevando los focos, matizando blancos y negros, con aquella primera cámara antediluviana de fuelles de la marca Leica, que aún conserva una hija de uno de sus colaboradores. Guerry popularizó los retratos con luz artificial y se hizo un maestro del retoque de la fotografía coloreada con la ayuda de hábiles ayudantes a los que enseñaba todos los trucos del papel albúmina.



Entre esos empleados, a lo  largo de más de medio siglo de oficio, estaban Diego, que emigró a Venezuela, Juan, que se hizo sacerdote, Anita, que era quien retocaba a las novias. También Manuel Márquez, un novillero que dejó los ruedos por el estudio de Guerry,  Francisca Muñoz Capel, una maestra retocadora, y, sobre todo, Antonio Mateo y Miguel Fernández, quienes terminaron relevando al genial maestro durante varios años, conservando en su estudio encima de la Puerta Purchena, ya con el nombre de Daguerry, el ambiente del primitivo laboratorio, como si de un santuario se tratara.



Foto Guerry, se trasladó poco tiempo después de llegar a Almería al Paseo del Generalísimo esquina Navarro Rodrigo, donde después estuvo Bazar Almería de Mario Montes. Allí siguió retratando a muchas casaderas, a novias, a niños de comunión, a soldados de Viator, a misses de la feria y a sus amigos disfrazados para el baile del carnaval en el Teatro Cervantes.



Guerry estuvo encarcelado un tiempo en 1941 por haber hecho un retrato a Encarnación Magaña, la mujer que fue ejecutada por el caso del Parte Inglés. Salió liberado y después de un tiempo de tristeza recuperó de nuevo el ánimo para seguir haciendo arte con sus retratos y con sus retoques. Era un virtuoso que estudiaba todos los detalles antes del flash definitivo en sus negativos de cristal. Se valía de todo tipo de decorados, cambiaba continuamente el color del fondo, la luz, los  enfoques, rejuveneciendo rostros, quitando papadas y manchas, como un antecedente del fhotoshop. Y sus escaparates eran una delicia, llenos de encanto femenino, de retratos de jovencitas, frecuentados por gente de toda la ciudad.  Probó Guerry otros negocios como un cortijo de naranjos, un hotel en el Paseo, pero él no entendía de cuenta y balances, él entendía de maestría con su cámara y era un asiduo asistente a las tertulias de los Indalianos, donde rivalizaba con Perceval para hacerle entender que la fotografía también era un arte. Al final de su trayectoria le dieron la Medalla al Mérito al Trabajo, cuando ya era un hombre cansado, apagado, hasta que falleció en 1991, dejando miles de retratos que aún se conservan en viejos álbumes  familiares, en cajas de galletas o en la cartera de algún anciano viudo que aún llora cuando saca la imagen de su mujer que Guerry atrapó uno de aquellos días que ya se fueron para siempre. 




Temas relacionados

para ti

en destaque