Javier de las Nieves, la investigación como pasión de toda una vida (I)

Es doctor en Física, catedrático e investigador en la Universidad de Almería

Javier de las Nieves en su despacho de la Universidad de Almería
Javier de las Nieves en su despacho de la Universidad de Almería Guillermo Fuertes
Remedios Fernández 19:39 • 05 jul. 2022

Francisco Javier de las Nieves López es, para todos en Almería, Javier de las Nieves. Pero, aunque muchos lo conocen por su labor institucional, él siempre ha sido un hombre de ciencias, un profesor de universidad que, además, ha gestionado proyectos en ese ámbito. “Siempre supe que aquello era temporal”, afirma. “Nunca pretendí seguir avanzando en ese campo, entrar en una lista…”.


Nació en Zafarraya, Granada, creció en Maracena, y decidió estudiar Física por la influencia de un profesor del instituto, Rafael Martínez Aguirre. “A través de él me di cuenta de que la Física era razonamiento”, recuerda. “Llegas a las cosas no en plan memorístico, sino que te lo explican y lo entiendes...”. Empezó en 1973, y la suya fue la primera promoción de Física en la Universidad de Granada. “Incluso, el edificio de la sección de Física de la Facultad de Ciencias se creó luego, cuando yo era profesor ayudante, y hacía mi tesis doctoral...”.


En el 78 entró en el departamento de Física Fundamental, y en el 83 leyó su tesis doctoral, que versaba sobre la termodinámica de procesos irreversibles, aplicadas a membranas cambiadoras de iones. Y en el 86 obtuvo la titularidad. “Es que, además, tuve una tesis muy productiva”, dice. “Publicamos muy buenos trabajos. En aquella época éramos unos pocos pioneros que empezamos a publicar en revistas internacionales de impacto. Y en el 86 me dieron el premio de la compañía Sevillana a la mejor tesis doctoral en los tres últimos años”.



Comienzos

Estamos en su despacho del CITE II-A, en la Universidad de Almería. Las mesas están cubiertas de papeles y libros, y las paredes, de fotos de momentos y amigos de toda una vida y una carrera en el ámbito de la ciencia. A sus 66 años, Javier repasa su trayectoria un poco con la mirada de quien ya se ve cerca del momento del retiro. “Me podría haber jubilado ya”, sonríe. Pero su mirada brilla cuando seguimos repasando su trayectoria científica.



Aún estamos en Granada, le recuerdo. “Sí. Por aquel tiempo mi director de tesis había ido a una estancia en Wageningen, Holanda, relacionada con la preparación de membranas, de tabiques porosos”, apunta. “Los hacían allí, con látex de poliestireno”, explica, “con partículas micrométricas, 200–300 nanómetros, todas perfectamente esféricas y del mismo tamaño. Eso era fundamental. Y aquello nos cambió la dimensión, pues nos metimos en ese mundo de las partículas poliméricas, los látex...”.


Javier acudía a congresos, y en un curso en Estrasburgo conoció el trabajo que se realizaba en este campo en la Lehigh University, en Pensilvania, Estados Unidos. Solicitó y obtuvo una beca Fullbright, y allá se fue, con toda la familia, durante un año. “Fui, concretamente, a un instituto de polímeros en emulsión”, explica, “pues eran expertos a nivel mundial en la preparación de partículas de cualquier tipo. Fue un éxito profesional. Familiarmente tuvo sus dificultades, pero...”.



Javier estuvo a punto de quedarse por allá, confiesa. “Una compañía de Boston me hizo una oferta alucinante”, dice. “Me lo estuve pensando, pero la familia… En fin, no seguí con la gestión, pues sabía que era irrechazable. Pero mira, eso influyó para que, cuando luego surgió la posibilidad de venir a Almería, me dijera: Javier, no se pueden dejar pasar dos trenes así...”.


Almería

El grupo de investigación en Granada había tenido un boom como consecuencia del contacto con Holanda. Una empresa de Barcelona buscaba quien les hicieran partículas de látex, unos japoneses les hablaron de ellos, “y así tuvimos un contrato de investigación con una empresa, BioKit, que fue espectacular”, recuerda. “En el año 87 tener un contrato de investigación con una empresa era… Algunos pensaban, incluso, que era un sacrilegio. Pero conseguimos que fuera un espaldarazo impresionante. Llegamos a tener una secretaria para el grupo, a tres becarios contratados por nosotros, y pasamos de ser solo tres personas en 1987, a veinte cuando me vine aquí, en el 95”.


El grupo necesitaba, pues, una expansión, nuevos retos. Y un día, el que fue primer rector de la UAL, Alberto Fernández, le habló “de que quería potenciar la Física aquí, y que existía la posibilidad de que me hiciera cargo del área de Física, formara un grupo, trajera proyectos… Que potenciara la universidad. Y me decidí”.


De las Nieves vino a una UAL casi recién fundada. “Creo que acerté, sinceramente, por mucho que me dijeran que si ya estaba en Granada... A los dos años surgió la posibilidad de volver allí de catedrático, pero dije que estaba muy contento aquí con el grupo que había montado, con gente implicada, comprometida, y en un ambiente magnífico...”.


Javier, además, trajo un proyecto de los programas nacionales en el que trabajaba, un contrato con el Instituto Francés de Petróleo, y consiguió otro contrato con una empresa, Optilas Ibérica, “que puso nuestro primer equipo ZetaSizer, valorado, en aquel momento, en cinco millones de pesetas”.


El grupo

Se trajo a varios becarios y, en un momento dado, ya estaba dirigiendo cuatro tesis doctorales “aquí, en la Universidad de Almería, y formando el que actualmente es el Grupo de Física de Fluidos Complejos”, afirma. “Y estamos dedicados también a lo que se llama ‘Soft Matter’, Materia Blanda, que es una rama con muchas aplicaciones...”.


Aquel contrato con BioKit los llevó a trabajar con una empresa que se dedicaba “al desarrollo de test de inmuno-diagnósticos con las partículas de látex, a las que se les adhería una proteína, y por agregación, detectaban la presencia de anticuerpos en un suero”, explica. “Nosotros debíamos preparar esas partículas, y conseguir que fueran estables absorbiendo proteínas. Y claro, tuvimos que fichar un bioquímico...”.


Junto al departamento de investigación de Bio Kit se desarrollaron contratos durante años. “Fue una expansión tremenda. Esta empresa llegó a absorber a otra, americana con sede cerca de Boston, y cuando los visitaba, era increíble estar en una empresa de Boston, donde los dirigentes hablaban catalán...” (Continúa).

RENOVACIÓN Y COMPETITIVIDAD

Hombre de extensa trayectoria en el mundo universitario y de la investigación y la gestión en el ámbito científico, Javier de las Nieves reflexiona un momento cuando le pregunto por el papel de las universidades en la investigación. “Tradicionalmente, la investigación en este país se ha hecho en las universidades”, dice. “Ha salido después el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y ha tenido una evolución muy potente, pero hace unos años, realmente, la mejor investigación se hacía en las universidades. Era donde estaban los investigadores de prestigio”.


“Además, si quieres mantener un buen nivel, es importante la renovación”, añade. “Si eres profesor de universidad, y tienes un grupo competitivo, puedes optar a los mejores alumnos. Eso es fundamental para la continuidad de un grupo de investigación, para mantener su brillantez. Meter personal joven de muy buen nivel. Y en eso la universidad tiene ventaja, son las primeras en poder captar a esas personas”.




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