El éxodo festivo del 18 de julio

A comienzos de los años 70 Almería se quedaba desierta el 18 de julio

Los descampados próximos a las arboledas del río en Laujar se convertían en un aparcamiento multitudinario cuando llegaba el 18 de julio.
Los descampados próximos a las arboledas del río en Laujar se convertían en un aparcamiento multitudinario cuando llegaba el 18 de julio.

Los tiempos habían cambiado de verdad. No era una frase hecha. En 1970 el 18 de julio seguía siendo el día más festivo del año, el día de la paga extra, el día del descanso obligatorio, pero ya no era aquella celebración pueblerina que pasaba por la arena de la playa de las Almadrabillas y del Zapillo, por las sandías enterradas en la orilla, la garrafa de vino, el botijo de agua y las sábanas que protegían del sol.


En 1970 habíamos progresado tanto que hasta la familia más humilde tenía un coche en la puerta de su casa. La clase media ya era mayoría y con nuestro Seat, nuestro Renault y nuestro Simca ya no nos conformábamos con buscar una sombra debajo del puente del mineral o con madrugar para coger un sitio en la terraza del Club Náutico. Teníamos coche y todo un día por delante para explorar otros escenarios y disfrutar de ese pequeño placer de sentirnos turistas sin salir de la provincia. 


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