La libertad de los niños de la vega

Jugaban entre los cañizos, corrían por las veredas sin temor a los coches ni al reloj

Los hermanos Galera corriendo por la vereda que iba desde donde hoy está el Auditorio hasta el interior de la vega.
Los hermanos Galera corriendo por la vereda que iba desde donde hoy está el Auditorio hasta el interior de la vega.

La vega, para los que vivíamos en la capital, era un lugar remoto que olía a estiércol y a tomates por el que pasábamos de largo cuando nos llevaban a ver el río recién salido después de una tormenta.


Mi padre iba a la vega en bicicleta a por verduras y a por huevos y cuando de regreso lo veíamos aparecer por un extremo de la calle salíamos a recibirlo como si volviera de un largo viaje. 


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