La historia de la feria a través de sus programas de mano

El Archivo Municipal custodia como si fueran joyas los programas de feria desde el año 1893

Hoy tocaría prepararlo todo. Planificar la ropa para el mediodía y la noche. Elegir los conciertos, los días en los que llevar a los más pequeños a los ‘cacharricos’, la noche de caseta con la familia, el mediodía con los amigos. Revisar si me viene el vestido rojo para el día 24 y quedar con el fotógrafo para el pregón bajo el Cable Inglés. Hoy tocaría comenzar ocho días de feria que la pandemia ha diluido por segundo año consecutivo para convertirlo en un parque de atracciones en el que sonarán mezcladas las canciones del verano con las risas de los niños y en que al menos habrá olor a gofres, vino dulce y espero que a nardos. Hoy olerá a feria.


Sea por nostalgia o por curiosidad -gasto bastante de ambas- este año vuelvo la vista atrás recordando mis ferias de infancia y juventud. Recuerdo carteles, programas de mano repartidos por la casa de mis padres con diseños de los ochenta y noventa invitando a los paseos de caballos y a las últimas ferias del puerto. Y es que en ellos, en los programas de actividades, se condensan los gustos, las modas y la historia no solo de la feria sino de la sociedad que las organiza.


Bien lo saben Aurora y Paqui que velan por el cuidado de estos trozos de historia en el Archivo Municipal ‘Adela Alcocer’. Con alguna ausencia, en sus fondos se pueden ver los programas de feria desde 1893 hasta la actualidad, bueno hasta 2019 porque los dos años de pandemia nos ha dejado sin tan preciado tesoro. 



Esos primeros programas de finales del siglo XIX eran sencillos cuadernos sin ilustraciones pero con letras historiadas. No sería hasta 1897 cuando se incluyeran los primeros dibujos para acompañar a los toros o a las regatas, y nos permitiera conocer en fotografía el Pabellón de la Sociedad ‘La Montaña’. 


Evolución
Sería ya en 1902 cuando en su portada comenzarán las ilustraciones, desde las verbenas hasta el real de la feria iluminado, y sería el año siguiente cuando el diseño fuera similar al cartel anunciador con esa diosa a bordo de una barca presidiendo un tríptico en el que ya se podían ver a los cabezudos.



De ese año se conserva también un programa de mano editado por los grandes almacenes ‘La Llave’. En apenas unas páginas una se reencuentra con la historia comercial de la ciudad. De Blanco y Negro a las gaseosas ‘La Barcelonesa’ pasando por la sombrerería ‘Rosales y Ulibarri’ especializados en sombreros flamencos.


En modo tríptico o como librito, el diseño de los programas de inicios del siglo XX responden al cartel en su portada y la sucesión de actividades en su interior presididas por las dianas y verbenas populares, el deporte de moda (regatas, natación, hípica o football), los actos sociales, religiosos y el homenaje a Los Coloraos.


Quizá viendo que esa sucesión de actos quedaba un poco soso, empezaron a llegar a las páginas interiores fotos de la ciudad. Más adelante llegaría a adjuntarse un plano de la misma y textos con la descripción de la provincia, de su clima a sus instituciones y negocios. Es una presentación en toda regla de qué es Almería.


Es posible que estos programas sirvieran de guía a los visitantes que venían durante esos días. Para ello se disponían de servicios extraordinarios de tren que se publicaban, junto a las líneas convencionales, al final de algunos de estos libros. No voy a negar que da envidia ver el número de trenes que llegaban a la histórica estación del ferrocarril.


Lo que nunca falta en estos programa es la feria taurina, no va a faltar ni esta ‘no feria’. A modo de curiosidad parece que lo de la merienda que ha eliminado la COVID ya era algo habitual en 1909 y bien lo sabía la ‘Jamonería Valverde’ que situada en la calle Castelar publicitaba sus jamones, embutidos y vinos “para los toros”.


Transformación
Pero los programas de feria son algo más que actividades y comercios, también reflejan los cambios políticos. Así, la llegada de la II República Española se detecta en el programa de 1931 de la Asociación de la Prensa que usa el rojo, amarillo y morado en su portada, al igual que eran los tonos que rodeaban a una mujer con mantón de Manila de la creación de José Capel Cuadrado para presidir el de 1932.


Con la llegada de la dictadura las portadas pasan a ser mujeres flamencas y la Virgen del Mar. En los 50 llegaría la serie del indaliano Robles Cabrera para desembocar en los 60 en la aparición de la fotografía que llegaría a su culmen en 1971 con la obra de Pérez Siquier.


Pero más allá de los cambios estéticos, hay cambios de actividades. Desaparecen  los Mártires de la Libertad, con el arreglo de la Alcazaba y la apertura al turismo llegan a la ‘Costa del Sol’ los Festivales de España, el de folclore y el de flamenco. Almería había cambiado.


Historias de la feria y sus programaciones

Los programas de feria que custodian en el Archivo Municipal encierran miles de historias curiosas. Actividades que marcaron un antes y un después en la ciudad, el inicio de muchas de las tradiciones que hoy se mantienen, el reflejo de la evolución de una ciudad pequeña en tiempos de bonanza y de crisis. Algunas de ellas contaremos en esta ‘no feria’.


 

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