Los bailes infantiles para ricos y pobres

El día de Reyes de 1936 se organizó un baile para los niños pobres del Hospicio

Eduardo de Vicente
07:00 • 09 ago. 2021

Los bailes infantiles de la alta sociedad se pusieron de moda en Almería en los últimos años del siglo diecinueve. Las familias de la aristocracia local acudían a grandes fiestas para niños y mayores, donde se daban cita los apellidos más ilustres de la ciudad. 



Asistir a aquellos bailes, con los mejores vestidos o los disfraces más caros, era un signo de poder que acentuaba la diferencia de clases. Había criaturitas que llevaban encima un capital en joyas y alhajas. En los trajes predominaba un gusto exquisito y una riqueza extraordinaria. Los padres han hecho gran derroche de paciencia y de dinero”, contaba el cronista que asistió, en febrero de 1887, al baile de niños que organizó por primera vez la sociedad Ateneo de Almería para abrir los actos de Carnaval. 



La fiesta  fue uno de los acontecimientos más señalados del año y la demanda fue tal que los salones del Ateneo se quedaron pequeños y hubo que buscar otro escenario y abrir el Teatro de Apolo para poder celebrar el multitudinario baile. La competencia por el lucimiento alcanzó tanto  nivel que hubo familias que buscaron el talento de acreditados sastres de otras provincias para conseguir la vestimenta más original y el disfraz más lujoso. 



“Las niñas Braulia Cumella y Maria Tovar iban vestidas de cartománticas; Amalia Benítez y Blanca Ages, de damas húngaras; las hermanas Matilde y Emilia Barroeta lucían trajes a la Pompadour; Pepita Fornovi parecía una dama de la Edad Media  y Angelita Cassinello, una pescadora napolitana”, relataba el cronista, que además de describir los encantos y el buen gusto de los invitados, no ocultaba  que en la misma calle, frente a la puerta del Apolo,  “desafiando el viento frío que soplaba del norte, una nube de menesterosos se amontonaba para llamar al corazón de las generosas damas que repartieron algunas limosnas a la entrada del coliseo”.



Todos los niños que asistieron al baile fueron obsequiados con cajas de caramelos y las señoras con elegantes cartuchos de dulces. Con el paso de los años, los bailes infantiles se fueron generalizando y sociedades del arraigo en Almería del Círculo Mercantil e Industrial y el Casino Cultural, competían por organizar el mejor acontecimiento de cada temporada.



En 1929 fue muy halagado el baile infantil del domingo de piñata que el Círculo Mercantil celebró en el Teatro  Cervantes. Durante las semanas previas, la sociedad se encargó de movilizar a los principales comercios de juguetes de la ciudad para que donaran regalos para sortearlos entre los niños. Almacenes El Aguila, Casa Ferrera, Papelería Moya, Bazar El León y Papelería Sempere, contribuyeron con sus donaciones a engrandecer el acontecimiento. Unos días antes del baile, todos los juguetes se expusieron en el salón Luis XVI del Círculo Mercantil para que los pequeños pudieran disfrutar de ese gran bazar antes del sorteo. 



Había tanta expectación que sobre la acera del Paseo se formaban largas colas de gente. Eran bailes privados a los que sólo podían asistir los miembros de la sociedad organizadora y las familias de la aristocracia con rango suficiente para tener acceso a acontecimientos de máximo prestigio. En los años treinta, hubo algunos casos de bailes que tuvieron como protagonistas a los niños pobres. El día de Reyes de 1936, Ayuntamiento y Gobierno Civil, organizaron una fiesta para los niños que estaban internados en el Hospicio. Por la tarde, en las instalaciones del Balneario Diana, les repartieron juguetes, hubo merienda para todos y un animado baile amenizado por la Banda Municipal.



El primer baile oficial que se organizó en Almería después de la Guerra Civil se celebró el ocho de diciembre de 1939 en el Casino. Fue una fiesta para los militares con motivo de la festividad de la patrona del arma de infantería. 


Los bailes infantiles recuperaron el esplendor de otros tiempos en la década de los cincuenta. Por Feria y Navidad, el Casino y el Círculo montaban atractivas veladas con los niños de protagonistas y en Carnaval, fiestas de disfraces con el nombre de ‘Gran baile de trajes’, eufemismo que se empleaba para no hacer propagando de unas fiestas, las de Carnaval, que estaban prohibidas. La orquesta del maestro Rafael Barco ponía la música en aquellas largas sesiones que para los adultos se prolongaban hasta el amanecer. 


En aquellos años se pusieron de moda también los concursos de bailes infantiles que durante la Feria de agosto tenían como escenario el recinto de la Caseta Popular. Se acababa eligiendo a la pareja ganadora que tenía el honor se subir al escenario para demostrar públicamente sus habilidades. Cómo disfrutaban las madres cuando alguien decía, “bailan como los ángeles”.



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