Paco Gázquez, el señor de los motores

Fue piloto de motos, tuvo una avioneta y una empresa de camiones y de autocares

Eduardo de Vicente
07:00 • 05 jul. 2021

Su padre tenía una panadería en Huércal, pero a él lo que verdaderamente le motivaba era el ruido de los motores de los coches cuando pasaban por la puerta de su casa.  Paco Gázquez fue piloto desde que trotaba por su pueblo imaginando que llevaba una moto entre las piernas. Su éxito en la vida fue convertir su pasión en un oficio desde que con un camión que le alquiló a su tío se ganaba la vida en los años de la guerra negociando con lo que podía.



Fue ganando dinero y con los ahorros se compró el primer camión hasta que logró tener su propia flota con la que llegaba a toda España llevando pescado y hortalizas. Muchos camioneros de aquella época empezaron de la mano de Paco Gázquez. 



Tan célebres como sus camiones fueron sus autocares. El gran negocio de su vida fue apostar por aquellos autobuses que en los años cincuenta y sesenta unían Almería con Cataluña. Consiguió un contrato con la Casa de Almería en Barcelona y llegó a tener seis autocares funcionando, llevando emigrantes de una esquina a otra del mapa. Una parte de la historia de las miles de familias que tuvieron que marcharse lejos para poder progresar se empezó a escribir en los asientos de los autocares de Paco Gázquez en aquellos viajes interminables. El coche salía de Almería a las diez de la mañana y llegaba a Barcelona a las ocho de la mañana del día siguiente, por lo que empleaba entre veinte y veintidós horas para llegar a su destino. Hacía una parada en Sorbas para coger viajeros y otra en la provincia de Murcia. 



En esa pasión desenfrenada por los motores se basó su ofició y también su vocación. Paco Gázquez fue un piloto de fama en la Almería de aquellos tiempos, ganando casi todas las carreras locales que se celebraban y compitiendo en pruebas tan prestigiosas como ‘las 24 horas de Montjuic’. Dicen, los que lo conocieron, que hubiera alcanzado la felicidad completa siendo piloto del ejército de aviación, pero se tuvo que conformar con tener su propia avioneta cuando ya había traspasado la barrera de los sesenta años de edad.



Además de dedicarse al transporte, Paco Gázquez fue un importante empresario hostelero, construyendo y regentando su propio hotel, el Fátima, que empezó a construirse en 1957 en unos terrenos de la calle Santos Zárate que hasta entonces formaban parte de la Vega.  El lugar tenía bancales, cortijo y una noria para sacar el agua.  Sobre esta zona de huertos se levantó un edificio de cuatro plantas para construir uno de los primeros complejos hoteleros modernos que hubo en la ciudad.



El Fátima se inauguró diez años antes que el Gran Hotel Almería y en sus primeros años de vida recibió a las principales figuras de la cultura, los toros y el deporte que pasaron por la ciudad.  Abrió sus puertas en el mes de agosto de 1958, antes de lo que estaba previsto, gracias a un permiso especial que le concedió Turismo para aprovechar el tirón los Festivales de España, que cada verano traían a Almería las mejores compañías de teatro clásico  y a los cantantes de mayor éxito. 



Gázquez contrató para su negocio hotelero a parte del equipo humano del Hotel Simón, entre ellos al que había sido su director, Joaquín Abad Villar. El estreno fue en la Feria de 1958, cuando entre otros artistas importantes recibió al torero Luis Miguel Dominguín, entonces en pleno apogeo con 32 años de edad y rodeado de un halo de lujo y fama como correspondía a un torero de su prestigio. El diestro madrileño dejó su sello impreso en una de las camas del establecimiento, que no pudo aguantar el ímpetu con el que se empleó en una faena nocturna con una atractiva joven que lo acompañaba. La fama de gran conquistador que el diestro arrastraba quedó demostrada aquella noche del 29 de agosto de 1958.



Por el Fátima pasaron también nombres ilustres como Curro Romero o los actores Juanito Valderrama y Manolo Morán. Entre los nombres más destacados del mundo del cine que estuvieron en el Hotel Fátima destacó el de Sam Spiegel, el productor de Lawrence de Arabia que en 1961 se desplazó personalmente a Almería  para localizar los exteriores.


Pero si hubo un personaje peculiar que se hospedó en el Fátima, ese fue el coronel Fulgencio Batista y Zaldívar, que había sido presidente de Cuba en dos etapas distintas, antes de que la revolución encabezada por Fidel Castro lo condenara definitivamente al exilio (1 de enero de 1959).

Batista estuvo en Almería en la primavera de 1968 y eligió el Hotel Fátima para alojarse. Fue un viaje de placer y también de negocios. El ex presidente cubano tenía su residencia en Marbella, donde era propietario de importantes urbanizaciones, y quiso visitar la costa de Almería para  invertir también en nuestra tierra. 



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