Anuncios que estarían prohibidos

Había una publicidad destinada a la mujer que hoy sería considerada sexista

En la tienda de José María Artero la lavadora Bru le decía a la mujer que con su adelanto podría dedicarse a otros quehaceres más amables.
En la tienda de José María Artero la lavadora Bru le decía a la mujer que con su adelanto podría dedicarse a otros quehaceres más amables.

Paseando por la prensa almeriense de hace medio siglo y deteniéndose en el alma de los anuncios publicitarios, es fácil entender las diferencias tan marcadas que entonces existían entre el hombre y la mujer


Había una publicidad que hoy estaría prohibida porque sería tachada de sexista, un buen número de anuncios que se repetían con frecuencia donde a las mujeres se les asignaba el papel de amas de casas, adjudicándole de antemano todos los electrodomésticos y todos los productos de limpieza que salían al mercado con la coartada de que le harían más fácil su trabajo.


En un anuncio de Bazar Almería con motivo del día de San Valentín, patrón de los enamorados, destacaba el eslogan: “El regalo que ellas prefieren” sobre la silueta de una moderna máquina de coser. 



En el contexto actual se podría hablar de discriminación por considerar que eran las mujeres las que tenían que coser, pero visto con la mirada de hace cincuenta años o sesenta años, el anunciante no tenía otra salida que adaptarse a la realidad si quería vender su producto y esa realidad hablaba de que coser, ya fuera a máquina o a mano, era una actividad casi exclusivamente femenina.


A finales de los años cincuenta, cuando empezaban a ponerse de moda las lavadoras, la tienda de electrodomésticos de José María Artero, de la calle Navarro Rodrigo, publicaba un anuncio en el Yugo dando a conocer al público su “super máquina de lavar” de la marca Bru. En la frase de gancho se decía: “Una lavadora Bru permite que usted, señora, disponga de mucho más tiempo y humor para otros quehaceres más amables” y dibujaba la estampa de una pareja de enamorados que se abrazaba con una vestimenta más propia de ir de fiesta que de quedarse en la casa haciendo la colada. 




Al lado de una máquina de coser o de una botella de lejía siempre estaba una mujer.
Al lado de una máquina de coser o de una botella de lejía siempre estaba una mujer.

La misma marca de lavadoras la anunciaba el establecimiento de Brasil Radio, de la calle Castelar, dando a entender que la nueva imagen de la mujer moderna pasaba por tener en su hogar una lavadora. Nadie le decía a las mujeres que la modernidad pasaba por tener las mismas oportunidades y las mismas posibilidades que el hombre en el mercado laboral o en los estudios, ser moderna era tener el último modelo de máquina de lavar o una plancha de las que no quemaban la ropa.


Más llamativo era aún el anuncio que puso en el mercado la marca de lejía Neoclor, componiendo las viñetas de un cómic donde la protagonista era una mujer que aparecía en cada cuadro desarrollando una tarea distinta dentro del hogar: la mujer limpiaba el cuarto de baño mirando con asombro el brillo del váter, fregaba el suelo, planchaba la ropa y después la tendía en la cuerda de la terraza. ¿Qué hubiera pensado la sociedad de entonces si este mismo anunciante hubiera dibujado a un hombre en vez de a una mujer haciendo todas esas faenas del hogar? Seguramente hubiera sido un escándalo y la firma habría tenido que retirar la publicidad.


También en la radio escuchábamos anuncios que hoy serían tabú. Recuerdo aquel que decía: “Señorita, usted ponga el novio, que París-Madrid pondrá lo demás”, alentando a las muchachas en edad de casarse a ir en busca de un marido con la colaboración de la empresa de muebles, que le echaría una mano.


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