La vieja bodega regresa a la ‘cárcel’

La auténtica bodega de Almería, la del Patio, volverá a la calle Real de la Cárcel

José Miguel Nache Martínez, propietario de la bodega El Patio.
José Miguel Nache Martínez, propietario de la bodega El Patio. La Voz

José Miguel Nache vuelve al lugar donde fue feliz, a la calle de sus abuelos y de su padre, al escenario que tuvo que dejar a la fuerza hace trece años cuando derribaron la tapia de la antigua cárcel y con ella la historia de uno de los grandes negocios hosteleros de la ciudad: la bodega El Patio.


Han sido trece años en el exilio, una eternidad para una bodega que tenía el prestigio que le daban sus vinos manchegos y el duende del escenario que ocupaba. Han sido trece años en el Parque, tratando de conservar a la clientela más fiel, pero padeciendo el desarraigo de un negocio que también vivía de la fuerza de su entorno. Ahora vuelve a sus orígenes, aunque el solar de la cárcel ya no exista, convertido en los últimos años en un edificio impersonal habilitado como parking privado. 


“Es mi calle, de donde tuve que salir a la fuerza y creo que es el momento para volver”, me dice su propietario. La nueva época comenzara el próximo mes de agosto y el lugar elegido será la esquina de la calle Real con la calle Posada del Mar, donde hace unos años estuvo la bodega de Pepe. Volverá con los mismos argumentos de siempre, con los que ha caminado durante más de un siglo: tapas sencillas, un amplio repertorio de vinos de la Mancha y un refugio amable donde poder evadirse del mundo durante unos minutos y olvidarse de todo.


En el recuerdo están todavía vivas las señas de identidad que hicieron de este bar un comercio histórico. La bodega tenía el peso de los siglos colgado sobre su fachada, donde destacaba su espléndida portada de piedra con arco de medio punto, flanqueada por dos columnas corintias, y coronada por un dintel en forma de casa donde se podía leer el nombre del establecimiento: ‘Bodega del Patio’. Debajo aparecía una enorme puerta de madera por donde entraban los carros directamente al patio central, que era el almacén del negocio. 



La bodega ocupaba el solar de la antigua prisión de la ciudad, la que le daba apellido a la calle cuando se llamaba Real de la Cárcel. El viejo penal se fue quedando en ruinas hasta que en enero de 1891 el Ayuntamiento acordó que se derribara el edificio, del que sólo quedó en pie una parte de la fachada. En septiembre de 1897, el director del Colegio de Jesús, José María Navarro Darax, solicitó al Ayuntamiento que le cedieran el solar para uso de la escuela, donde acabó montando un picadero de caballos con clases de equitación para el servicio de los alumnos del Colegio de Jesús. 


En 1912, cuando Navarro Darax se marchó de Almería  al ser nombrado Deán de la Metropolitana de Valencia, el solar de la vieja cárcel volvió a quedarse vacío, hasta que unos meses después el empresario Luis García Romero utilizó lo que quedaba de sus muros para instalar la bodega del Patio. En 1913 era ya un gran almacén de vinos, que también se utilizaba como fábrica cuando su dueño ponía a disposición de los parraleros que decidieran hacer vino de sus uvas, el local, las vasijas y el personal necesario para la elaboración de los mostos. La bodega disponía también de un alambiquero aguardientoso de 400 litros de capacidad y un aparato para la fabricación de gaseosas.


A partir de los años veinte la bodega estuvo regentada por Ramón Nache Guzmán, aunque bajo propiedad de José Benítez, conocido como ‘el niño Benítez’, uno de los empresarios más populares de la Almería de la posguerra. Con los Nache empezó una etapa larga y fructífera que aún se mantiene.


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