La gripe que nos agarró distraídos

La epidemia de 1918 azotó la ciudad y la provincia durante más de seis meses

La Torre del Campanario de la Catedral se utilizó como almacén para el reparto de víveres durante los últimos meses de la epidemia de gripe
La Torre del Campanario de la Catedral se utilizó como almacén para el reparto de víveres durante los últimos meses de la epidemia de gripe
Eduardo de Vicente
02:13 • 13 mar. 2020 / actualizado a las 07:00 • 13 mar. 2020

Las cifras de aquella fatídica epidemia, que nunca fueron oficiales, hablaban de que más de seis mil almerienses pudieron perder la vida por culpa de la gripe de 1918. El virus afectó a más de cien  mil personas en una provincia debilitada en aquellos días por la grave crisis social y económica que estaba dejando la guerra mundial. Cuando Almería lloraba por la pérdida de gran parte de sus mercados tradicionales, con la uva y el mineral sin destino seguro, cuando el paro y el hambre desgastaban las defensas de cientos de familias y la economía se resquebrajaba día a día, llegó la gripe para sacar tajada.



Se dijo entonces que la epidemia hizó más daño en Almería, una ciudad pequeña, que en una gran urbe como Barcelona por culpa de la miseria en la que vivían amplios sectores de la población y porque las medidas de prevención llegaron tarde, cuando la enfermedad ya estaba desatada. La gripe nos agarró distraídos y se fue haciendo fuerte en esas semanas de dudas y desorganización colectiva en las que nadie conocía el verdadero alcance de la enfermedad. 



Se llegó tarde porque en esas primeras semanas, cruciales para atacar el azote, no se establecieron hospitales para aislar a los enfermos ni se desinfectaron los barrios más pobres ni se controló la distribución de alimentos antes de que llegaran a escasear



Su aparición creó tanta confusión que había serias dudas entre los facultativos a la hora de valorar si se trataba de tifus o de algún otro virus contagioso. 



Tuvo que ser el doctor Gregorio Marañón, el que desde Madrid diera a conocer a la opinión pública la verdadera naturaleza de la enfermedad: “Es una gripe auténtica. Estamos haciendo investigaciones bacteriológicas y en muchas de ellas se ha encontrado el bacilo de Pfeiffer. El tratamiento debe ser el más sencillo posible sin abusar de los antitérmicos y debe alimentarse al enfermo en vez de someterlo a dieta”, contaba el prestigioso investigador en sus conclusiones.



En esos primeros días del verano de 1918, el inspector provincial de Sanidad, el señor Martínez Limones, recibió un escrito de la capital del reino para que en Almería se empezaran a tomar las medidas profilácticas necesarias. “Dada la general difusión de la epidemia de gripe recomiendo a usted el más extremado celo en la aplicación de cuantas medidas sean necesarias, no olvidando en  primer término que la enfermedad se propaga de persona a persona por los productos de las vías respiratorias y que la aglomeración de gentes en locales cerrados constituye la principal causa de contagio y propagación”.



A pesar de las advertencias, las autoridades locales trataron de impedir que corriera el pánico entre la población, haciendo recomendaciones al personal sanitario para que no emitieran juicios de valor prematuros sobre la epidemia. Por ese  motivo el Gobernador civil impuso una multa de cien pesetas al médico de la cárcel, don Baldomero Gómez Casas, por el parte  dado a la prensa diciendo que en la prisión de Almería había varios internos atacados de gripe, declarando la enfermedad como epidemia. El Colegio de Médicos, tras votación, decidió abrir una suscripción entre sus afiliados para satisfacer la multa de veinte duros. 



En la última semana de junio las noticias sobre la epidemia  seguían siendo confusas y la mayoría de la población seguía desinformada y sin tomar ninguna media preventiva. En la noche del día 26, cientos de personas se congregaron en la Puerta de Purchena para ver la proyección de varias películas, lo que provocó la protesta de un sector de la sociedad almeriense, pidiendo a las autoridades que prohibieran estos espectáculos para evitar la propagación de la enfermedad. Durante los meses de julio y agosto la gripe se estacionó y la alarma fue desapareciendo. La tregua fue corta y en septiembre volvieron a multiplicarse los casos. 


El 13 de octubre, casi cuatro meses después de que se produjeran los primeros casos de la enfermedad,  se constituyó una Junta de Caridad para auxiliar a los más desamparados


El 20 de octubre, ante la situación de emergencia que se vivía en la ciudad, el teniente alcalde, Miguel Naveros Burgos, dirigió un telegrama a los representantes de las Cortes pidiendo ayuda inmediata: “Rogamos al Gobierno consiga remesa urgente, socorros para hacer frente a la situación calamitosa actual”. 


Almería quedó muy diezmada por la enfermedad. El nueve de diciembre la Junta Provincial de Sanidad declaró extinguida la epidemia a excepción del distrito de Purchena, donde todavía seguía golpeando. Aquella epidemia dejó una huella imborrable en casi todas las familias almerienses.



Temas relacionados

para ti

en destaque