De ‘casa’ de Ramón Orozco a la de Cuartara; de paseo por el ‘otro barrio’

Hoy visitamos a algunos personajes históricos de la mano de Juanfra Colomina

Juan Francisco Colomina durante la visita junto al enterramiento de Carmen Duimovich
Juan Francisco Colomina durante la visita junto al enterramiento de Carmen Duimovich La Voz

Es temprano y ya hace calor. Me subo al coche camino de Puerta de Purchena a recoger a uno de esos amigos que uno tiene como si fuera un libro de cabecera para la consulta de dudas. Y es que Juanfra Colomina está siempre a golpe de teléfono porque o tiene una respuesta o una forma de encontrarla. Quizá por eso cuando hace unos meses paseaba yo por el ‘barrio’ al que nos dirigimos y me surgieron millones de preguntas, utilicé el ‘comodín Colomina’ y de ahí, esta ruta.


Se sube al coche cual Wally que viene a hacer turismo, pero con los deberes hechos bajo el brazo. Emprendemos camino. Subimos la Rambla, Rambla Amatisteros, desdoblamiento de la N-340 y llegamos. Ya estamos en ‘el otro barrio’, ese en el que tienen casa algunos de los vecinos más ilustres de la historia de la ciudad. Estamos en el cementerio de San José y Santa Adela de la capital.


A pesar de conocer el sitio, lo primero es ubicarse, así que paramos delante del mapa y mientras traza mentalmente la ruta me cuenta como este cementerio de mediados del siglo XIX, se construyó entre 1866 -1867, por encargo del Ayuntamiento a varios arquitectos siendo “el principal Trinidad Cuartara, al que se le debe el diseño principal, la concepción de los grandes mausoleos y las criptas subterráneas, o la fachada de 1903”.


Pero éste de San José es un cementerio hecho de cementerios. Está formado por el cementerio católico, el civil, el cementerio inglés o el militar.



Recorrido
Miramos a izquierda y derecha y allí, bajo nuestros pies “están las nueve fosas de los fusilados republicanos durante la Guerra Civil. Se fusilaban en la tapia de la izquierda y después se echaban a una fosa”. La sospecha es que “estos cuerpos acabaron en el osario”.


Cerquita hay una tumba, pasa desapercibida, y allí están “algunos caídos del franquismo”. Entre los nombres destaca Colomina la presencia de Juanma Madariaga y Orozco porque “era sobrino nieto de Ramón Orozco, y con él, termina su saga”.


Monolito de Trinidad Cuartara en el cementerio militar
Monolito de Trinidad Cuartara en el cementerio militarLa Voz

Seguimos subiendo y alcanzamos el enterramiento de Celia Viñas. Está en el Jardín de  la Memoria y un monolito la recuerda como una transformadora a través de la educación y la literatura de la realidad almeriense a principios del XX.


Por su entorno, nos costó encontrarla y reconozco que si voy sola volvería a tener esta dificultad, está el nicho 52, en la calle 51, serie 24 y fila 4. Allí, con una recién estrenada lápida y poco reconocimiento, están según la investigación de Carmen Ravassa, los restos de Los Coloraos.


Volvemos a la calle principal y rodeados solo del ruido de los pájaros- es lo que tiene el barrio, que es muy tranquilo- nos acercamos a la parte más alta antes de llegar a los mausoleos. Señala a la derecha y me explica Juanfra Colomina: “ese es el cementerio militar. Aquí sobre todo hay enterramientos de militares fallecidos en acto de servicio en los años 40 y 50, aunque muchas de estas tumbas están vacías porque se llevaron los restos a la fosa que hay bajo la Cruz de los Caídos”. 


Ante mi absoluto desconocimiento me llama la atención una especie de monolito que me recuerda a la forma de otros de antaño y me explica mi guía que es un diseño de Trinidad Cuartara de 1898.


Seguimos ruta y cruzamos la puerta que nos lleva al barrio ‘chic’ del camposanto. Burlamos la valla que rodea a la Cruz de los Caídos, y nos centramos en el primer mausoleo con una arquitectura llamativa salida de la mente de Cuartara.  “Es el panteón de Ramón Orozco. Fue el primero que se encargó aunque, como estaba enfrentado al obispo y necesitaba los permisos de la iglesia, no está claro si fue el primero que se construyó” me explica Colomina. “Orozco fue político y empresario del siglo XIX, seguramente el más importante e influyente de la época. Fue alcalde de Vera en el Trienio Liberal, diputado nacional y provincial, y tras la expulsión del trono de Isabel II, fue presidente de la Junta Revolucionaria y Gobernador Civil. Además fue concejal del Ayuntamiento, fundador del Banco de Almería, benefactor de Los Coloraos y de su construcción del monolito de López Rull en Puerta de Purchena”. Tras la retahíla solo pienso en que eso de acumular cargos en política viene ya de antiguo.



Mausoleo de Ramón Orozco
Mausoleo de Ramón OrozcoLa Voz

En el camino nos encontramos con el panteón de Carmen Duimovich y Roby. “La familia Duimovich eran terratenientes que hicieron fortuna con la desamortización de Madoz. Adquirieron muchas propiedades en Las Huertas, Paseo de Almería, El Quemadero y Los Ángeles” y claro ella fue “la heredera de esas propiedades”. Pero también quien se encargó de “velar por las Adoratrices y su edificio”.


Decidir el camino a seguir es ahora difícil, así que optamos por ir en busca de la casa de los vecinos más ilustres. Así volvemos al principio del recinto y junto a la valla está el mausoleo de los Cassinello. En realidad es la tumba de Juan Cassinello Cassinello, “el que empieza la rama”. Fue “empresario uvero y del esparto, y con ambos hizo fortuna”. Su nieto sería el conocido arquitecto Fernando Cassinello.  La construcción responde a un modelo neoclásico, con columnas con estilo corintio y un gran frontón triangular con hojarasca y con un ángel presidiendo la puerta.


De allí me lleva en volandas a buscar “al primer alcalde que asfaltó la ciudad”. Cruzamos la zona 2 y encontramos el panteón de Antonio González Egea. Bien cuidado, con arco de medio punto para su entrada flanqueado de unos jarrones grabados en la piedra para contar con flores a perpetuidad, y presidido por un escudo de armas “pagado por él, ya que no tenía título nobiliario”, se presenta ante mí la última vivienda de este descendiente del banquero y político José González Canet. 


“Durante el mandato de González Egea de principios del siglo XX, empieza a sanearse y asfaltarse Almería desde el Paseo hasta la Plaza Vieja, iluminó esta plaza y la de Bendicho”, empezó a ser una ciudad. Y en ella pensó este cofundador de Acción Popular durante la II República, que había que “homenajear a Pablo Iglesias y fue el primero en ponerle una calle”.


En una sepultura más sencilla, con una puerta de reja de cuadros, un ramo de flores seco y una pequeña placa en negro nos encontramos con ‘José Rapallo Vela. 1910’. Le cambia la cara a Juanfra Colomina porque éste no lo llevaba en la libretilla. Rápidamente me cuenta que “fue uno de los grandes ciclistas del siglo XIX y familia de los Rapallo Vela  Campos que promovieron la construcción de la Casa de las Mariposas”.


Arquitectos
El siguiente en la lista era el ideólogo del camposanto, el que en su cabeza diseñó el cementerio civil y que marcó un tiempo en la arquitectura almeriense. Vueltas tuvimos que dar hasta encontrarlo porque Trinidad Cuartara hizo grandes mausoleos pero sus restos descansan en uno de los panteones sencillos de la zona 2.


Imposible nos fue localizar a otro de los arquitectos más clásicos de la ciudad. Y es que Enrique López Rull está enterrado en la zona 3, como reza la inscripción localizada días después por el propio Colomina. Habrá que volver para localizarlo.



Panteón de Juan Cassinello Cassinello
Panteón de Juan Cassinello CassinelloLa Voz

Al que sí encontramos fue a Manuel Pérez García y su enterramiento sencillo en la zona 1, en el cementerio civil. Este catedrático de agricultura fue presidente del Círculo Mercantil, concejal del Ayuntamiento de Almería y redactor del periódico madrileño La Justicia.


Desde allí intentamos llegar al olvidado cementerio inglés, esa zona cedida a perpetuidad a Reino Unido en 1887 para las inhumaciones de los protestantes anglicanos, pero nos encontramos con una puerta cerrada al pasado, quizá porque desde 2014 espera su recuperación. En ese recinto nos esperaba la tumba de José Litrán. “Fue una de las personalidades de la Almería del XIX”, explica Colomina. Fue médico y masón, y por eso no le dejaron enterrarse en el cementerio católico, y es reconocida su labor profesional contra el cólera y otras enfermedades infecciosas.


Cursamos visita a Guillermo Verdejo, empresario portuario, alcalde de Almería y senador con Alfonso XII; a Alfredo Rodríguez Burgos; y a muchos ilustres empresarios del XIX que pasan la eternidad en este barrio ‘bien’ del camposanto. Pero para contar su historia habrá que esperar mejor ocasión, que seguro que llega.


Perfil


Juan Francisco Colomina
Juan Francisco ColominaLa Voz

Juanfra Colomina es licenciado en Humanidades y lleva gran parte de su trayectoria como investigador a la Memoria Histórica, sobre todo a aquellos que se marcharon al exilio sobre los que está haciendo su tesis doctoral.


Más allá de la parte profesional, lo cierto es que este joven investigador, amante de la política, es un curioso al que le gusta rodearse de ‘papelajos’ en los archivos que le ayuden a conocer la historia.


A pesar de su juventud, ha colaborado en varias publicaciones y es un reconocido articulista sobre temas vinculados a la historia.


 

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