Vivir la historia a los pies de la Alcazaba; un paseo por el Reducto

Juan Antonio Martínez Gómez nos enseña el barrio de su vida, sus rincones

La panificadora que fue de la familia de Juan Antonio Martínez
La panificadora que fue de la familia de Juan Antonio Martínez La Voz
Lola González
08:59 • 04 ago. 2019 / actualizado a las 09:16 • 04 ago. 2019

Me cita -bueno, nos cita porque llevamos de acompañante a Álvaro Hernández-, temprano, antes de que apriete el calor aunque ni así lo pudimos burlar. Y lo hace a las puertas de uno de mis edificios preferidos de la ciudad, el Real Hospital de Santa María Magdalena.



Juan Antonio Martínez Gómez es un joven almeriense nacido y criado entre la calle Reducto y Galileo. Que creció en esos tiempos en los que los chavales jugaban en las calles y que se hizo mayor rodeado del olor del pan que hacía su familia en la puerta de al lado de casa. El haber estudiado fuera del barrio, lo hizo en las Jesuitinas, le obligaba cada día a recorrerlo de punta a punta para ir al colegio y cree que esto le ha ayudado para conocer y amar el patrimonio que tiene y que “no está puesto en valor” a pesar de que “debería ser la zona más cuidada”.



Mientras llega nuestro guía, el barrio ha ido despertando y ya hay un importante trasiego de coches, de vecinos entrando al CARE Nicolás Salmerón, tomando café, comprando la fruta cuyo olor inunda la calle Hospital. El Casco Histórico ya está en marcha.



Llega Juan Antonio Martínez, besos y arrancamos. Bajo la atenta mirada de la Alcazaba que se asoma a saludar en cada bocacalle, comenzamos a subir Pedro Jover. Es una calle con mucha actividad, con vida, y es que “hace las veces de Ronda Sur. Sirve de nexo de unión entre dos barrios y está cumpliendo con la misión que antes tenía la calle Almedina que era la vía principal. Casi todos los establecimientos comerciales se encuentran aquí y en Plaza Pavía”.



Límites



En el camino llegamos a las puertas del Cuartel de la Misericordia y pronto llega la primera pregunta, pero ¿cuál es exactamente el barrio? Porque si es difícil poner límites a otras zonas, más aún lo es allí. Lo tiene claro nuestro guía: “Históricamente el barrio comienza en la  calle La Reina y llega hasta Arquímedes-Socorro. Es fácil, allí estaban las murallas y eso trazaba la división”.






Explica Juan Antonio Martínez que a pesar de que ese es el bloque, lo cierto es que “cada zona ha tenido su propia evolución arquitectónica, social, y eso supone que haya casi sub barrios”. La mejor forma de entenderlo es verlo desde las alturas y a ello vamos. Pasamos por la puerta de la iglesia de San Juan, la mezquita de la ciudad y la que fuera su primera catedral y seguimos hasta alcanzar la calle Santa María dirección a la Alcazaba. En el camino nos topamos, además de con multitud de viviendas típicas, con una verja abierta que sirve de puerta de entrada a otro de esos patios que aún esconde la ciudad. Se trata del Patio de Santa María del que hay quien dice que mantiene su estructura original de época árabe. A saber.


Seguimos ruta hasta toparnos con los restos de la muralla tardorromana que descubrieron con las obras de la calle Fernández. Vallados, sin más explicación que las propias piedras, esta imagen es para Martínez Gómez “un ejemplo de lo que pasa en Almería, no ponemos en valor las cosas” y hace una crítica a la mala conservación de la ‘otra’ entrada a la Alcazaba que, aunque no exista como tal, sí que los turistas que llegan al puerto “van por el Reducto y es la primera imagen que se llevan por lo que, teniendo claro lo importante que es cuidar la entrada por Almanzor, también la otra”.


Recuperamos el objetivo del recorrido, más allá de la belleza de la calle Descanso o del gato perezoso a las puertas de la vivienda de arcos de piedra y zócalo azulado, llegar a las alturas para avistar el barrio.


Tras pasar con los ojos cerrados junto al Mesón Gitano subimos a la explanada y desde allí señala la iglesia de San Juan y explica: “En el centro geográfico de la Medina musulmana se situaba la mezquita, la iglesia de San Juan que es la primera catedral y entorno a la que gira el resto del barrio”. 


Organización

Así “la calle San Juan ejerce de límite entre diferentes zonas, entre la Plaza Pavía-Reducto y la Almedina. En época musulmana es cuando surge la Medina pero llegan los terremotos que destruyen todo desde San Juan hacia arriba, es decir, Plaza Pavía, Reducto...todo es un solar. De la Medina también se destruye mucho pero queda algún trazado, con lo que, cuando vuelve a reurbanizarse se mantienen. Sin embargo, la zona alta no comienza a reurbanizarse hasta finales del siglo XIX y XX”



Pero la centralidad de la iglesia de San Juan se pierde precisamente cuando acaba dañada, que no destruida, con un terremoto. “Desde entonces y hasta que se construyó la nueva, siguió manteniendo sus cultos. Los pocos vecinos que quedaban en la zona, cuando se anunciaron las obras de la nueva  catedral, hasta se manifestaron en contra. No entendían por qué Almería iba a tener una nueva Catedral si ya tenían la de San Juan o la de la Almedina. El interés estaba más en desligar la ciudad del barrio musulmán”.


Comenzó entonces un desplazamiento hacia Levante, lo que era el ensanche de la época, que se mantiene hoy día en la ciudad y que está suponiendo “un envejecimiento de la población y que la gente joven se esté marchando a los nuevos desarrollos. Esto también provoca que estén llegando también muchos nuevos vecinos desde Pescadería” lo que provoca que poco a poco las divisiones  se estén diluyendo.


Con el mapa en la cabeza comenzamos el descenso hacia el Reducto. Desde las coloridas viviendas de Chamberí bajos hasta la calle Encuentro, esa que se supone que se llama así porque “se realizaba un Encuentro entre una Virgen y un Cristo” como narra el Padre Tapia, si bien, “pruebas no hay de que fuera así”, aclara Álvaro Hernández.



Pocas calles como ésta mantienen en pie viviendas tradicionales. Las hay arregladas y tapiadas como la que vio nacer a Relampaguito que a pesar de tener la placa que así lo acredita, poco allí se puede ver más allá del brillo del metal.

Con la construcción de la nueva calle Fernández, la gran mayoría de las calles que antes la conectaban con Encuentro se han convertido en callejones sin salida, casi sin cuidar salvo algunos casos en los que los vecinos se han puesto manos a la obra. Así ocurre en la calle Amparo donde se ha engalanado con maceteros, plantas y una Virgen del Carmen a los pies del hormigón del Mesón. Y es que como explica Juan Antonio Martínez “algunos vecinos se preocupan por sus calles, por tenerlas en condiciones” y aunque reconoce que no es el caso de todos, echa en falta el apoyo de la administración.


Reducto
Llegamos a “la Cuesta del Rastro”, o al menos eso dice nuestro guía que notó en mi cara que no sabía de lo que me hablaba. “La calle Cruces Bajas siempre se ha llamado así . Hay varias versiones del nombre, y puede que ninguna sea verdadera.  Hay quien dice que era el camino del rastro, del zoco; y quien afirma que es por el rastro que dejaban los animales cuando volvían del mercado de la Plaza Vieja”. Si se me permite, conociéndonos, abogo por la segunda.



Recorremos San Ildefonso, donde estaba la tienda de chuches de Mercedes, en la que  hacía sus compras infantiles, y llegamos a calle Reducto, a su calle. Encontramos la panificadora que pusiera en marcha su abuelo, Antonio Herrera,  pero que durante 40 años ha estado en manos de su padre que  fue quien “antes de jubilarse la impulsó, modernizó y expandió su venta y distribución por toda la ciudad”. Ahora está en manos de un antiguo trabajador, Juan que le recibe en la puerta. “Aquí me crié. Al final mi casa la anexionaron a la panificadora y luego fue supermercado porque mis padres hicieron esa casa”, señalando justo a una vivienda situada enfrente.


Recuerda que esa calle era de aquellas en las que “los niños jugaban en la puerta al fútbol, al bote bote, a los juegos de toda la vida” porque “todos nos conocíamos, íbamos de casa en casa porque éramos casi familia” una sensación que ahora se ha perdido.


Sensaciones que se recuperan en el centro vital del barrio, la Plaza Pavía. Epicentro comercial y siempre lleno de actividad que “no se aprovecha como debiera. Hay viviendas típicas, un búnker de la Guerra Civil debajo, y sobre todo, una historia que contar”.


Cerramos aquí la ruta sabiendo que nos falta mucho por ver. Será la próxima vez.


Perfil

Juan Antonio Martínez Gómez es nacido, criado y vecino del Reducto, porque por mucho que sea una calle, tiene su propia entidad. Este profesor y psicólogo es un amante de la historia de la ciudad, será que el haber crecido rodeado de ella casi te obliga a amarla. ‘Moraito’ de corazón, como manda su trayectoria en Angustias, nos llevó a recorrer sus recuerdos de infancia y la historia que le fascina de su barrio. 


Se nos hizo corta la ruta para todo lo que sabe y recuerda, nos emplazamos a otra dentro de poco porque tiene que enseñarme la Almedina que se nos quedó pendiente.



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