A Martín Soler la Audiencia le ha anulado la fianza impuesta por Alaya

Juan Torrijos
01:00 • 30 nov. 2015
Dicen los entendidos en derecho jurídico que esta anulación puede llevar aparejada en un futuro la desimputación del político almeriense en la causa de los famosos Eres, donde aparece en el número veintiséis de la lista dada últimamente a conocer, tras los ex-presidentes de la Junta, Manuel Chaves y José Antonio Griñán. Uno se alegra de la anulación de la fianza a Martín Soler, y le gustaría conocer cuanto antes el final que le espera al paisano en la macro causa andaluza. No es agradable llegar a la conclusión de que hemos estado gobernados por presuntos chorizos, y hasta ahora así lo parecía. Si ello cambia, y nos gustaría que así fuera, lo deseable es que se conociera cuanto antes. A ser posible hoy y no esperar a mañana. Especialmente por los protagonistas, y en el plural entran todos los miembros de una familia que vienen viviendo la incertidumbre de una justicia que no comprendemos en la gran mayoría de sus lentos y cambiantes movimientos. (Se acuerdan que el pasado verano, estamos cerca de la estación invernal, se nos dijo que en septiembre el tribunal supremo daría a conocer su fallo sobre el Algarrobico. Todavía lo seguimos esperando. Llegará, claro que llegará, pero para entonces ¿dónde estaremos algunos?). No se puede tener a la gente aplastada bajo la bota de la Justicia años y años. No se puede tener a una familia bajo la fianza millonaria de una causa y que tras unos años de presión social y jurídica vengan y te digan que te levantan la fianza. Alguien tendría que decirles a esos jueces que esa fianza ha supuesto embargos, gastos, depresiones, sufrimientos, silencios y alejamientos. Si se es culpable que se pague ante la Justicia. Y si no lo eres, si ahora te dicen que te levantan la fianza ¿a quién se le hace responsable de todo lo vivido? Yo me pongo en la piel de Martín Soler y qué pena no vivir en el lejano oeste. ¡Saca! Si un político mete la mano (o la pata) en el ejercicio de su trabajo que pague con todo el rigor de la ley y todos los agravantes que se le puedan sumar, por algo tienen el deber y la obligación de dar ejemplo como representantes de los ciudadanos que son, pero lo que no debemos es tenerlos bajo la bota de una justicia que se vuelve injusta cuando los indicios no son todo lo claro que debieran y el tiempo va dilatando la instrucción del sumario.






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