El Emérito de Almería continúa su guerra: Divorciados y Gays son ahora sus balas

Carta del director

González Montes, obispo emérito de Almería.
González Montes, obispo emérito de Almería. La Voz
Pedro Manuel de La Cruz
20:10 • 20 ene. 2024

(A María Cassinello, otra víctima del rencor, que el jueves llegó al Cielo en el que tanto y tan sinceramente creía)



Lo aprendí hace más de cuarenta años y desde entonces es una lección que siempre me acompaña para escapar de su peligro. Fue en una entrevista con Carlos Castilla del Pino en aquellas revistas que desafiaban desde la inteligencia la zafiedad cruel de la dictadura: uno de los sentimientos- decía el siquiatra cordobés- que más perdura y que más daño hace al que lo lleva consigo es el rencor.



Hay dolores que duelen tanto que el tiempo y la voluntad de sobrevivir acaba consumiéndolos porque, si no, acabarían con el que lo sufre. Sentimientos tan estruendosos como el amor, el odio o la envidia que, aunque revestidos del estruendo emocional o la luminosidad deslumbrante de su llegada, acaban languideciendo en la melancolía de lo irremediable, el cansancio de la monotonía o en el olvido por agotamiento. No así el rencor, esa herida sutil que nunca llega al alcanzar la luminosidad de la llama pero que quema el alma y el entendimiento con la constancia ardiente de la brasa.



Y lo peor llega cuando al rencor se le une de compañera la soberbia.



Álvaro Hernández publicó esta semana en La Voz la reseña de un escrito del obispo emérito en la que González Montes arremetía contra la opinión del obispo de Almería que, siguiendo y asumiendo de buen grado las orientaciones del Papa, mostraba su decidida convicción de que una pareja de divorciados o una pareja de homosexuales pudieran ser bendecidos si así lo deseaban. “Si bendecimos a todos los animales, cómo no vamos a bendecir a personas”, decía con asombro Gómez Cantero.



La opinión desafiante de González Montes podría ser contemplada como una reacción tridentina emitida desde la soberbia de quien se cree más infalible que el Papa. Pero no es solo en el pecado de soberbia en el que cae el anterior obispo- quién es el Papa para decirle a él si hay que bendecir a dos personas que han sufrido un divorcio o se aman siendo del mismo sexo, hasta ahí podríamos llegar-.



En su desafío también subyace agazapado el rencor indisimulado con que lleva tratando a quien (por decisión de Roma, que no se olvide), llegó a Almería para poner orden en una diócesis tan alejada de casi todos que se asemejaba más a un bunker aislado y en ruinas que a una comunidad de Fe en la que todos los creyentes se sintieran cómodos.



Antonio Gómez Cantero, como antes otros miembros del clero, ha sufrido y lleva sufriendo las acometidas de su antecesor lanzadas, ahora desde la comodidad de su confortable retiro madrileño, y antes desde la suntuosidad de sus habitaciones privadas en el antiguo Seminario.


Da igual que los datos económicos pongan negro, o mejor, rojo sobre blanco la deuda millonaria de su gestión, que la fortaleza en que convirtió el obispado le alejara de la realidad, que sacerdotes con capacidad de conectar con esa realidad se sintieran olvidados, cuando no desterrados intencionadamente a aquellos espacios donde su influencia podría quedar reducida a la nada o casi, Gonzalez Montes y su cada vez más


reducida fiel infantería continúa disparando a discreción contra su sucesor sin caer en la cuenta de que su artillería ya solo tiene el estruendo de las balas de fogueo. Cierre del Seminario, transparencia contable, bendición de divorciados y homosexuales, acatamiento de las decisiones del Papa, cualquier escenario es válido para poner en el paredón a quien le sucedió olvidando la exigencia de los votos de obediencia y humildad que tanto exigió cuando él era el general en la plaza de la Catedral


El Obispo Cantero comenzó ganándose el respeto desde su llegada y ha terminado ganándose el afecto de quienes le conocen. Desde las Hermandades y Cofradías hasta las monjas de clausura, los jóvenes, las instituciones de uno u otro signo político, las ONG y los colectivos sociales, como los que trabajan por erradicar los asentamientos, todos califican a nuevo Obispo como “una persona normal”. Bendita normalidad.


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