La humanidad en un día de playa

Nuestras manos han crecido conectadas al cerebro hasta esta nueva era

Javier Adolfo Iglesias
09:00 • 03 ago. 2023

Un niño juega en la orilla, intenta cabalgar la cresta blanca del caballo marino que le reta una y otra vez. A veinte metros, su joven madre, bajo la sombrilla, se deja llevar en su teléfono móvil por un tsunami de videos infinito. El pequeño lleva horas en el agua y al mirar sus dedos arrugados corre divertido y excitado para enseñárselos a su madre, que levanta la cabeza unos segundos. Sus dedos de piel de lagarto nos recuerdan que los humanos fuimos peces que un día soñamos con volar sobre el mar como alcatraces y fracasamos al quedarnos en tierra como pingüinos con manos. Pasaron miles de años y uno de nuestros antepasados se aplastó el índice con una piedra al fabricar la primera herramienta. Hoy, la joven madre usa la suya digital para ver absorta un baile tras otro de Tik-Tok. A su lado su segundo hijo, un bebé hipnotizado con las olas de color de su ‘tablet’. Cuando agarran con sabiduría el dedo de sus madres, los recién nacidos nos recuerdan nuestra relación ancestral con la mano. Sus manos son todo su mundo, y sus dedos, sus primeros amigos. El ciclo de la vida humana transcurre entre el meñique que fue a por un huevo y el pulgar que se lo comió. Nuestras manos han crecido conectadas al cerebro hasta esta nueva era. Si le das un móvil a tu hijo antes de que su mano sepa acariciar, decir adiós o escribir, la humanidad verá cómo sus dedos se convierten en electrodos impersonales de lejanos servidores de la Inteligencia Artificial. Nuestra mano no podrá entonces pedir ayuda. Tampoco la de nuestro niño en la playa, que ahora asoma sola entre la cresta de agua del caballito juguetón, que sin conciencia se lo lleva al fondo a jugar para siempre, mientras su madre sigue deslizando su dedo sobre la pantalla. 










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