No more

No llegó a escuchar los aplausos en los balcones de primavera, quizás hubiera pasado sus tiempos de descanso y aislamiento doméstico escuchando la Suite de violoncello de Bach que tanto le emocionaba. La bioquímica asturiana Margarita Salas falleció unos pocos meses antes, pero sus descubrimientos entorno al virus Phi29, propició el que contemos hoy con las pruebas PCR.


Poco o nada sabrá de ello la mayoría de mortales, como tampoco conocerán que la vacuna contra el COVID se debe a los estudios de más de treinta años de otra mujer sobre ARN mensajero, Katalin Karikó, quien consiguió ser bióloga, quizás inspirada viendo a diario trabajar como carnicero a su padre, a pesar de que creció en una casa húngara de adobe sin electricidad, la misma electricidad que se les niega a tantas familias de la Cañada Real en plena ola de frío polar, criminalizando para colmo la pobreza, una prueba más de la incompetencia política.


Con esta falta de visibilidad de la mujer, no es de extrañar que la Asociación de mujeres investigadoras y tecnológicas haya comenzado estos días la campaña #NOMOREMATILDAS en honor a la activista pro derechos de la mujer Matilda Joslyn Gage, para poner en valor las grandes aportaciones de las mujeres en Ciencia pues, a la luz de distintos estudios, las mujeres se ven menos capaces de dedicarse a aquella, debido en parte a la falta de referentes, y es que incluso en los libros de texto de la ESO no llega al 8 % las referencias a mujeres.



No en vano decía Margarita Salas que “La vocación científica no nace, se hace”, pero para ello es importantísimo que eduquemos a nuestras niñas y nuestros niños en la igualdad entre géneros, la igualdad en derechos y obligaciones para que nadie se crea con potestad de sometimiento y todas se vean capaces de cualquier actividad, igualdad frente al fascismo preocupantemente in crescendo al que obedecen políticas como las de la Junta de Andalucía de quitar ayudas a proyectos de atención a víctimas de violencia machista, porque las desamparan hundiéndolas aún más.


En el último año se ha puesto de manifiesto, más que nunca, lo que decía Salas: “Un país sin investigación, es un país sin desarrollo”, pero si además no visualizas y silencias a la mitad de su población, ese país está avocado al fracaso. ¡No más!





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