La Plaza Vieja: una plaza para vivir

María Teresa Pérez
22:47 • 21 oct. 2019 / actualizado a las 07:00 • 22 oct. 2019

La concejala popular Ana Martínez Labella ha sacado una nota de prensa a propósito de la eliminación del Monumento de los Mártires de la Libertad y de los árboles de la Plaza Vieja que ha sido aprobada esta semana con los votos del PP y VOX


Lo primero a destacar en las afirmaciones de la concejala del gobierno municipal es la irrespetuosa forma de dirigirse a los ciudadanos almerienses que no estamos de acuerdo con esta decisión, a los que califica irónicamente de “guardianes de la libertad”, y a los que además  acusa de buscar la confrontación política y de desear lo peor para nuestra ciudad, porque “creen que cuanto peor le vaya a la ciudad mejor les irá a ellos”. 


Se queja la Sr. Martínez de que las obras de la Plaza Vieja llevan ya 20 años. Son los mismos años que cumplirá su partido al frente del Ayuntamiento, pero al parecer, la culpa de ese retraso la tienen el Pingurucho y los árboles.



Su dialéctica política está a la altura de sus contradictorios argumentos: “Sí a los árboles” y por eso los quitamos.  “Sí al Pingurucho” y por eso lo quitamos, “Sí a una Plaza Vieja con sus árboles y sus sombras” y por eso quitamos los árboles y sus sombras. Sí a la arquitectura de la plaza, para que se vea, y por eso quitamos un monumento que se corresponde y encuentra su sentido en  esa  arquitectura. “Sí a una Plaza Vieja con vida”, y por eso no habrá quien viva ni quien se pare en esa plaza.


Ana Martínez está en el sí es sí, en el sí porque…sí. Sí a una plaza moderna y respetuosa, tan moderna y respetuosa como el Mesón Gitano en el entorno protegido de la Alcazaba, que nos ha costado 11 millones de euros. ¿También la culpa de que no se haya inaugurado el Mesonico, tras 4 años de estar entregado, es del Pingurucho, de los árboles y de los “guardianes de la libertad”?  Dice sí a una Plaza Nueva, postmoderna; dice no a la Plaza Vieja histórica, un espacio con mil años de historia. Dice sí a una Plaza Nueva diáfana, que elimina “cualquier obstáculo” para más terrazas, más bares, más sillas para espectáculos sin el “engorro” del Pingurucho, más ruido para los vecinos; dice no a una Plaza Vieja con árboles y sombras, oasis de tranquilidad en una ciudad arboricida. Dice sí a una plaza privatizada para bares y espectáculos, porque al parecer el Auditorio y hasta Mesonico se les queda pequeño para tanto espectáculo que organizan, Por cierto, ¿cuántos espectáculos han montado en los últimos 4 años en la maravillosa explanada diáfana del Mesonico? 



Ya hace un año que Ana Martínez anunció sus más profundos deseos: «Nos encantaría ver la plaza llena de terrazas, es lo que le da vida a una ciudad». Y para hacer realidad sus sueños, para “recuperar este centro neurálgico de la ciudad” es imprescindible la eliminación de los 21 árboles y del Pingurucho. Pero quizás lo que ignoren la Sra. Martínez Labella y, no olvidemos, el Sr. Alcalde, es que cualquier actuación que se tome en una ciudad y en sus cascos históricos debe tener una prioridad máxima: la calidad de vida de los vecinos.  La promesa de una plaza ruidosa, de bares, terrazas y de marcha es la garantía de que los vecinos deserten de su barrio histórico.  La peor degradación de nuestro casco histórico es el abandono de sus vecinos. 


La Plaza Vieja necesita un proyecto que haga compatible los intereses de los vecinos y del resto de la ciudadanía con los de los negocios (no sólo de bares) y con el turismo. Un proyecto para una ciudad amable, una plaza para vivir.





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