De secuestro a muerte

Antonio Hermosa
07:00 • 13 sept. 2019

Ana Julia Quezada con pantalón y cazadora vaquera, camisa blanca y zapatillas de deportes azules, vuelve a sentarse en la silla destinada a los acusados, en la sala habilitada para celebrar la vista oral por el presunto asesinato de Gabriel Cruz Ramírez.


En la cuarta sesión de este juicio, se puede ver en el rostro de esta mujer la resignación para enfrentarse, un día más, al relato pormenorizado que hacen 14 agentes de la Guardia Civil, miembros de la Sección de Homicidios, Secuestros y extorsiones de la Unidad Central Operativa, de los servicios de Cinológico y de Criminología, que desgranan, como si de una fruta madura se tratara, todos los pasos de la investigación que les llevaron a su detención y al descubrimiento del cadáver del pequeño Gabriel.


Solos o en parejas, los agentes vuelven a describir a la acusada como una mujer fría y calculadora, a la que investigaron durante los días que duró la búsqueda del niño desaparecido, y sobre la que desde casi un principio, tras descartar al acusador de la madre del menor, recayeron todas sus sospechas por su extraño comportamiento y por unos antecedentes de relaciones sentimentales donde primaba el interés económico.



En la cuarta sesión también se han mostrado las imágenes de la reconstrucción de los hechos. Sobre lo que ocurrió en aquel cortijo de Rodalquilar en la tarde del 27 de febrero de 2018. Los guardias civiles, sentados en el centro de la sala, han reconocido que la investigación se prolongó en el tiempo porque los agentes sospechaban que iban a encontrar al niño con vida y guardaban la esperanza de que se trataba de un secuestro con un claro móvil económico. Algunos de ellos, con muchos años de experiencia, y bregados en muchas batallas en el esclarecimiento de diferentes sucesos y en la detención de peligrosos delincuentes, se vinieron abajo y se derrumbaron completamente cuando comprobaron que el niño estaba muerto, algo que fueron sospechando cada vez más con el paso de los días. Ayer superamos el ecuador de un juicio mediático, donde algunos medios de comunicación han encontrado suficiente carnaza para llenar horas de emisión televisiva o radiofónica, y páginas de periódicos y revistas, solo buscando éxitos de audiencia, saltándose todos los cánones de la ética profesional. Quedan cuatro días de sesiones, donde las partes intentarán justificar sus peticiones.  La Fiscalía y la acusación particular: prisión permanente revisable por un delito de asesinato con alevosía, y la defensa, un homicidio accidental.





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