La reina de España

Antonio Jesús García ‘Che’
22:53 • 07 dic. 2016

Una nueva represalia más contra el mundo de la cultura. En esta ocasión con motivo del estreno de La reina de España, la nueva película de Fernando Trueba, que ha venido acompañada de una fuerte campaña de boicot en su contra. El motivo no es otro que la supuesta falta de españolidad del oscarizado director tras sus palabras pronunciadas durante el discurso de agradecimiento al recoger el Premio Nacional de Cinematografía de 2015. Unas palabras sacadas fuera de contexto de una, quizás, poco afortunada alocución.
Respecto a los que además le exigen al cineasta el devolver o no optar a subvenciones hay que tener en cuenta que éstas nunca son a los directores sino a los proyectos de producción. Estas empresas de producción sí que tienen que acreditar nacionalidad española, pero nunca el director. De manera que han recibido la pertinente ayuda del Ministerio de Cultura producciones mayoritariamente  españolas como Lope (2010) o Exodus (2014) de capital principalmente norteamericano, contando en el primer caso con la dirección del brasileño Andrucha Waddington, y en el segundo del británico Ridley Scott. En su momento proyectos capitaneados por Anthony Mann (El Cid), Steven Spielberg (El Imperio del Sol) o Woody Allen (Vicky Cristina Barcelona) también gozaron de la colaboración del gobierno, a pesar de, a buen seguro, lo poco españoles que se deben sentir. Esto sin olvidar que en los 60 los americanos venían a rodar a España por las ayudas que recibían.
Al margen de ser totalmente lícito lo español o no español que se pueda sentir una persona, resulta más que evidente que la situación de millones de parados, la ley mordaza, los desahucios o la pobreza energética no son motivos para estar muy orgullos de un país. Al contrario, faltar el respeto de un país es evadir impuestos, es defraudar a la seguridad social y lo es guardar capital en cuentas en Suiza. Falta de respeto es la señorita Andrea Fabra gritando ¡que se jodan! a los parados, en el Congreso de los Diputados mientras se presentaba el mayor recorte presupuestario acometido en la reciente historia de España. Y la corrupción es la manera más brutal de ofender a un país, por mucho que se tire de rojigualda en la correa del reloj o en el cuello del polo.
Desolador resulta constar, una vez más, la falta de respeto y estima que por parte de un sector de la población, muy español y mucho español, se le tiene a la cultura y a sus  creadores. En cambio, unos señores que casi con toda seguridad no suelen ir al cine, alardeando de que no van a ir a verlo, son ridículos cuanto menos.







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