“En la España vacía hay mucha gente todavía viva, construyendo, celebrando”

José Carlos Castaño, guardián de la memoria sentimental de los mayores de la provincia

José Carlos Castaño con la perra Rita.
José Carlos Castaño con la perra Rita.
Evaristo Martínez
21:52 • 30 sept. 2023

Nació en Cataluña, pero hace años que se refugió en Sierro, tierra de sus padres. Desde allí, José Carlos Castaño (Sabadell, 1969) recorre la provincia rescatando historias de nuestros mayores. Vidas cotidianas, sueños frustrados y oficios en extinción se acomodan en sus retratos, en sus textos. Así lleva más de una década dibujando la memoria sentimental de una generación que se está yendo. Él, como un guardián noble, los escucha. 



¿Recoger los testimonios de nuestros mayores una forma de disparar contra el olvido?
Bueno, es una forma de ser responsable con el tiempo que nos ha tocado vivir y, por lo tanto, con la vida. Si no disponemos del tiempo que tenemos para cosas que sean verdaderamente importantes y que puedan servir para cimentar la vida de los que nos van a suceder, nos estamos estafando entre todos y estamos construyendo un mundo aéreo, falso, atroz. Lo que cuentan nuestros mayores es sobre lo que nosotros pisamos y si no lo conservamos de alguna manera lo estamos dejando todo a la ocurrencia de inteligencia artificial. Y eso sería perderlo todo, todo lo que somos como seres humanos. Te diría que es una forma de no disparar contra nosotros mismos, contra nuestros hijos, contra todo.    



¿Lo que hace también es memoria histórica?
Teniendo en cuenta la nomenclatura de las cosas, esto no sería memoria histórica porque no recoge la temática de la represión de la posguerra ni sus terribles avatares. Eso no quita que entre tantas historias, siempre hay alguien que comparte su experiencia personal con aquel sufrimiento indecente. Entre la gente mayor hay un poco de todo: hambre, aventura, exilio, pérdida, sacrificio. Pero yo no registro -aunque con el documental 'Siete tiros' sí hicimos un trabajo centrado en un caso alucinante de eso que han llamado memoria histórica- esa cuestión como central. Yo transmito su experiencia de vida en la que caben situaciones alegres también, claro: si no, esto sería pregonar al cementerio y no es del todo correcto porque la generación de la que me preguntas tiene un gran sentido del humor. 




¿Qué llena la España vacía?
Hace unos días presenté la exposición ‘La tierra habitada’ en el Ayuntamiento de Purchena, en el Festival Hay Malotte. Quise mostrar cómo la España vacía, el concepto, tiene algo de perverso: parece querer mirar a un lado donde apenas hay vida cuando mirando en sentido contrario aparecen los pueblos con su vitalidad y su gente, construyendo, imaginando, celebrando. Aparecen los pueblos habitados y todos sus personajes. En la España vacía hay mucha gente aún viva. Y cada vez vienen de lugares más remotos. Todos quieren estar para cuando salga el sol otro día más anunciando que la vida prosigue y que no hay irse de aquí para encontrar la felicidad. 



Según el INE, el 75% de los almerienses vive en la costa. ¿Qué haría para atraerlos al interior, tan necesitado de vida?
Este caso es diferente. A los de la costa les diría que siguieran en la costa porque en el interior tendrían que acostumbrarse a demasiadas cosas nuevas. A caminar sin ver el mar, a tener que custodiar el agua para no malgastarla, a dejar de escuchar la brisa marina. Aquí, creo, no hay mucho que hacer salvo decirles que tenemos un monte muy hermoso y que, como hacemos nosotros cuando bajamos al mar, de vez en cuando viene bien cambiar de aires y se harán una idea más clara de lo bonita que es esta provincia.



¿Encuentra más juventud en los viejos de los pueblos que en los de su generación?
En la gente mayor sentada en su silla, esperando para que le grabes su entrevista, con sus fotos, sus papeles y sus cacharros en las manos para enseñarlos a cámara, con sus nervios, con su entusiasmo —porque es la primera vez que les escuchan con tanta atención—, hay una energía juvenil tal que nunca he visto en nadie de mi generación, y menos en las más jóvenes. Es pura vida, puro agradecimiento, como si ser escuchados fuese parte de su sueño cumplido después de una vida de esfuerzo descomunal. Este es un tema central para que me guste mi trabajo.  



Quiso hacer un ‘Google Maps’ del patrimonio humano, un mapa interactivo de Almería que destacara historias en lugar de monumentos. ¿Nadie creyó en aquella idea?



¿Te acuerdas? Fuiste el primero en contarlo. Aquello era, y es, la bomba. Un mapa al que entras y haces búsquedas de personajes por la provincia, en el que puedes hacerte una ruta para conocer a gente asombrosa a la que ya le he hecho un vídeo o un perfil. Podríamos habernos divertido un montón, y digo podríamos porque aquello no se movió del sitio. Si hubiera estado patrocinado por Tesla, ya estábamos viajando por Almería para conocer al pastor Juan Segura, al Sordo Botillos, al Lagartijo, a la Partera de la Solana. ¡Qué pena!


Escribe, hace fotografías, vídeo, pódcast. ¿En qué traje se siente más cómodo?

Es todo la misma herramienta para contar lo que ves, pero si tuviera que escoger serían la foto y la escritura. Hay una simbiosis alucinante. Toda foto debería tener un pie de foto, como una corrección de color. Lo he probado en mis libros y funciona espectacular. La gente ve la foto de su ser querido y lee el texto, y ya todo es corazón. 


En la era del TikTok, el meme y el vídeo viral, ¿cómo vende sus proyectos a las instituciones?

Con una técnica ancestral que consiste en llamar a la persona que pudiera tener algo que decidir sobre lo tuyo tantas veces como fuera necesario hasta que se sepa tu nombre, tus apellidos y tu teléfono de memoria, y si es necesario llegar hasta el aburrimiento; pues hasta ahí. No sé, es complicado saber cómo se hace esto de vender lo tuyo. Yo no quiero desistir, pero hay días que mejor estarse en la cama.


¿Qué ve cuando mira a los ojos de los mayores?

Ahí el que se estremece soy yo porque son miradas gastadas, con un brillo leve pero con una intensidad que no se ve en miradas menos experimentadas. Ahí si hay una cualidad exclusiva de esta generación: sus miradas encendidas. 


¿Escucharlos le ha hecho más sabio? 

Escucharlos me ha hecho más devoto y me ha dejado claro que la sabiduría no está en la consulta en las redes, está solo en la experiencia vivida. No puedes ser sabio de lo que no has experimentado. Esto va a abrir un abismo: ahora creemos tener la virtud sobre algo con haber convivido apenas un rato. Antes se aprendía con los años y la plena atención.


Es también archivero de tradiciones y oficios de Almería que se van perdiendo, y que usted guarda en todo el material que ha ido recopilando. ¿Cuál es su favorito?
Tengo varios. El relojero de Suflí va en cabeza pero qué decir del pastor Juan Segura o de la cantaora María de Adra. Hay muchísimas personas que me han fascinado. Este trabajo es un lujo aunque esté esquinado y lo observen unos cuantos. El oficio de escuchar, me refiero. 


Ahora se lleva el ‘true crime’. Qué bonito que se pusiera de moda el ‘true life’, historias de vida sencillas como las que rescata.

Vamos en un sentido que no entiendo. Por qué mostrar siempre tal cantidad de violencia en todo. No digo que una peli policiaca con alguna burrada no me guste, o que Tarantino no me llame la atención, pero hacer de la violencia, del dolor, del abuso, el robo, lo habitual nos va a sentar muy mal. Me acuerdo del pastor Juan Segura que era capaz de hablar 16 horas sin parar y todo lo que decía era alucinante. Doy fe. 


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