Tres misterios de Almería que dieron la vuelta a España

Los fuegos de Laroya, el fantasma del Teatro Cervantes y la Casa del Cine

Los fuegos de Laroya en un informe y mapa de los cortijos afectados, Conchita Robles y la Casa del Cine antes de su restauración.
Los fuegos de Laroya en un informe y mapa de los cortijos afectados, Conchita Robles y la Casa del Cine antes de su restauración. La Voz
Alberto Cerezuela 11:04 • 26 sept. 2021 / actualizado a las 11:32 • 26 sept. 2021

Aprovechando el revuelo causado por los posibles fantasmas del Hospital de Cruz Roja, cuya explicación es más terrenal que sobrenatural, me atrevo a recopilar algunos casos acontecidos en Almería y que tienen que ver con los fenómenos extraños. Son historias míticas que ya forman parte de nuestra tradición y que, en su mayoría, he tenido la suerte de llevar a muchos espectadores a través del programa Cuarto Milenio.


Los fuegos de Laroya

Corría el mes de junio de 1945 cuando, en unas cortijadas apartadas del núcleo urbano de Laroya, se produjeron unos incendios espontáneos que, durante poco más de un mes, eclipsaron a la prensa nacional. Todo empezó cuando la niña María Martínez, de catorce años, vio cómo su vestido se incendiaba mientras jugaba con sus vecinos en las inmediaciones del Cortijo Pitango. A la pobre le dio un ataque de pánico después de que sus padres la calmasen y apagasen las llamas. Horas después, María Martínez asistió horrorizada al incendio de su propia cama y una de las cortinas del cuarto donde dormía. Era el comienzo de los más de trescientos casos que se documentaron en ese periodo de tiempo.



Testigos como Manuel Medina, Antonia Ujaldón o Cayetano Doménech presenciaron cómo en el aire se formaban pequeñas bolitas de color blanco o azul, que parecían tener cierta inteligencia, y que provocaban los incendios al posarse sobre los enseres. Afortunadamente no hubo víctimas mortales, aunque sí heridos y pérdidas económicas en forma de muebles, ropa e incluso cosechas de las cortijadas Estella, Fuente del Sax o el propio Pitango.


Tal y como me confesó el propio Manuel Medina en una de mis visitas a Laroya, “nos vamos a morir sin que nadie venga a explicarnos qué ocurrió”. No le faltaba razón. Teorías hubo muchas, desde una venganza del Más Allá forjada por el moro Jamá, ajusticiado por la Inquisición; la maldición que los cartagineses lanzaron a todos aquellos que osaran explotar las minas que consideraban suyas, invocando al semidiós Reshef (‘ascua ardiente’); un avión que pudo rociar con pesticida aquellos campos; incluso el arrastre que el viento pudo hacer de la erupción de un volcán en Italia. La única versión oficial vino a cargo del Ingeniero Geógrafo José Cubillo Fluiters, mandado junto a una comitiva por el propio Caudillo para zanjar el asunto. Él mismo asistió a cómo ardían los aparatos con los que sus pupilos hacían pruebas por toda la Sierra de Los Filabres. La investigación culminó con un informe de más de doscientas páginas en la que la conclusión fue, en palabras suyas, que no había una explicación científica a lo que allí ocurría, y que quizá habría que mirar al cielo o al Universo para encontrar una respuesta.



Por cierto, la pobre María Martínez, a la que los críos del lugar apodaron como 'La niña de los fuegos', no terminó suicidándose por esta cuestión, como han apuntado otros historiadores.


El fantasma del Teatro Cervantes

Sin duda alguna, el caso más conocido por el gran público. La noche del 21 de enero de 1922, la actriz almeriense Conchita Robles fue asesinada a manos de su marido Carlos Berdugo (o Verdugo, como escribía la prensa de la época) Boti mientras representaba en el Teatro Cervantes la obra Santa Isabel de Ceres. Allí, bajo el aplauso de las quinientas personas que pensaban que aquellos disparos formaban parte del espectáculo, la bella actriz falleció de forma inmediata sobre el escenario. El niño Manuel Aguilar, encargado de la cartelería, pereció horas después en el Hospital Provincial, pues también había sido alcanzado por los tiros. El asesino fue condenado, tres años después, a pasar el resto de su vida en una prisión militar en Chafarinas. Hasta aquí, la historia real y documentada. A partir de ahora, cada cual con sus creencias.


Y es que dicen que, desde entonces, en el Teatro Cervantes ocurren fenómenos extraños. Varios testigos afirman haberse cruzado con una mujer, estando el teatro cerrado, cuya descripción concuerda con la infortunada Conchita Robles, incluso con la ropa que llevaba ese fatídico día, mantilla incluida. El gallinero es la zona más propensa a este tipo de apariciones. La han visto desde Pepe Cayuela, mítico operario de cabina, pasando por una maestra que llevó a sus alumnos a una obra de teatro, hasta más de una limpiadora que, incluso, afirma haber sido empujada por una fuerza invisible.


El conocido Doctor Gaona vivió en primera persona los efectos de permanecer encerrado en ese lugar, percibiendo los habituales cambios de temperatura como el sonido de unos pasos que le acompañaban hacia el escenario. También diversos artistas que han actuado ben ese mágico lugar. ¡Hasta el cómico Paco Calavera se llevó un buen susto!


Mención aparte fue lo que vivieron la directora y las actrices de la obra ‘Uvas para tres’, quienes no tuvieron más remedio que pedir a la propia Conchita encerrándose en el camerino que supuestamente usó, que su representación fuese un éxito. Y así fue. Incluso se pudo intuir a ella actuando entre la compañía, culminando así su obra inacabada y disfrutando eternamente de  su teatro. Hoy está contenta, Kuver Producciones le ha devuelto la vida de la mejor forma posible.


Por cierto, en otra ocasión hablaremos de cómo Angelines, más conocida como ‘la niña dormida’, una bruja de principios del s. XX, vaticinó la muerte de Conchita Robles años antes con una frase que pone los pelos de punta: “Nunca te acerques a los verdugos”.


La casa del cine

Seguimos en la capital almeriense para adentrarnos en el Cortijo Romero o Finca de Santa Isabel, hoy conocida como ‘La casa del cine’, el museo que el Ayuntamiento habilitó hace unos años para homenajear toda la producción cinematográfica de la provincia de Almería.


Comprada en 1866 por el catalán Miguel Balmas, fue pasando de generación en generación hasta llegar a manos de José Romero Balmas, conocido masón que organizaba allí extrañas fiestas donde acudían personalidades como el arqueólogo Luis Siret o el filósofo Levi Strauss. Los rumores sobre fenómenos inexplicables comenzaron mucho antes de que el vigilante encargado de las recientes obras de rehabilitación diese la voz de alarma ante las continuas apariciones que noche tras noche vivía. Y es que el director alemán Rainer Fassbinder, que rodó en ese caserón la película 'Whity' en 1971, confesó a la prensa que había una presencia en la casa que le hablaba y le pedía cosas, incluso llegó a afirmar que era la propia casa la que actuaba como un ente con conciencia que le hacía cambiar su forma de ser hasta el punto de trastornar su mente para que hiciese cosas que no quería hacer, como el intento de suicidio que vivió en Almería o el de asesinato a uno de los actores de su propia película.


Si el excéntrico director de cine estaba en lo cierto, eso explicaría por qué John Lennon, que vivió allí en septiembre de 1966, compusiera en la bañera del cuarto de baño de esa casa la canción 'Strawberry Fields Forever'. Dicen los entendidos que el lugar le recordaba al orfanato de Liverpool donde permaneció unos años. ¿Fue el embrujo de Santa Isabel quien avivó sus recuerdos? Lo cierto es que él nunca lo contó, pero su mujer, Cynthia Lennon, reveló en un libro autobiográfico y en una visita a Almería que, durante la fiesta de cumpleaños del propio Lennon, todos los allí presentes, incluido Ringo Starr, pudieron ver cómo dos mujeres vestidas de negro y encapuchadas bajaban las imponentes escaleras de la casas. Además, estallaron varios vasos y platos y los armarios se abrían solos, expulsando la ropa de su interior como si tuviesen vida.


No son estos los únicos edificios de nuestra capital que cuentan con este tipo de fenomenología, como la casa del Poeta Valente, el palacete donde se ubica el Instituto de Estudios Almerienses, varios de los cortijos de la carretera de El Mamí, el Museo Doña Pakyta o los refugios de la Guerra Civil Española, donde varios guías, trabajadores y visitantes han sido testigos de lo imposible, especialmente en la parte final del recorrido, cerca del quirófano. Una dama blanca vaga por esos pasillos para que no olvidemos la historia y tengamos cuidado de no repetirla.


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