El Lugarico: Chaves Nogales en Almería

Exposición dedicada al periodista sevillano en la Biblioteca Villaespesa

Detalle del cartel de la exposición que llega a Almería.
Detalle del cartel de la exposición que llega a Almería. La Voz
Francisco Giménez-Alemán 11:08 • 25 sept. 2021

Ha sido un acierto del Centro Andaluz de las Letras traer a la Biblioteca Villaespesa la exposición 'Cuaderno y Lugares' en homenaje al gran periodista sevillano Manuel Chaves Nogales. Tuvimos ocasión de asistir a un evento semejante en Córdoba, febrero de 2018, que superaba al de Almería en la programación paralela con las intervenciones de Andrés Trapiello, Arturo Pérez Reverte, Jesús Vigorra y una lectura magistral de 'A sangre y fuego a cargo' de Juan Echanove. Pero la guinda de tan insuperable programación la pusieron los miembros de la familia de Chaves Nogales, su hija Pilar Chaves y su nieto Antony Jones Chaves, que dieron testimonios personales del gran escritor muerto a los 47 años de edad en Londres. Es una lástima que la cuidada exposición traída a la Villaespesa no haya contado con el añadido con que la Universidad de Córdoba ilustró los mejores pasajes de la vida y la obra del extraordinario reportero que fue, además de excelente escritor, este sevillano autor, entre otras grandes obras, de la mejor biografía taurina: 'Juan Belmonte, matador de toros'.


Los periodistas españoles somos deudores del ejemplo ético y profesional de Manuel Chaves Nogales que después de atravesar los convulsos años treinta, indemne en su neutralidad intelectual y política, diría de sí mismo que podría haber sido fusilado por cualquiera de los dos bandos contendientes en la guerra civil. Tal era su equilibrio informativo y tal su visión de la deriva que había tomado España ante la que se encontraba sin respuesta. Desgraciadamente la única que tuvo fue poner tierra por medio y exiliarse en Londres donde malvivió hasta su muerte en 1944. La historia siguiente tampoco le sería favorable. El régimen franquista lo sumió en el olvido durante cuarenta años. Por ejemplo, a los estudiantes de la Escuela Oficial de Periodismo de los años sesenta ni se nos mencionó su existencia, de la que no tuvimos referencia clara hasta que muchísimos años después María Isabel Cintas desempolvó sus viejas crónicas y las editó en 2001 gracias al patrocinio de la Diputación Provincial de Sevilla. Catedrática de Lengua y Literatura de enseñanza media e investigadora, Isabel Cintas hizo un trabajo memorable que una década después sería reeditado por Editorial Almuzara.


De Chaves Nogales se ha escrito tanto desde su resurrección a la opinión pública que es difícil no repetir algunas de las visiones que de su obra se han venido conociendo. Personalmente, después de destacar sus libros sobre Belmonte o 'A sangre y fuego', cuyo prólogo es una pieza absolutamente imprescindible para entender la guerra entre hermanos de los años 36 al 39, tengo especial predilección por sus reportajes periodísticos, acaso por mi deformación profesional, que retratan de manera fidedigna la sociedad y el ambiente de la España de su tiempo. Uno de ellos, titulado La llegada de Ruth Elder a Madrid, mereció el premio Mariano de Cavia en 1928. Y otros muchos, con especial mención de la serie Andalucía Roja y la Blanca Paloma, constituyen sendas antologías de hechos tan consuetudinarios en Sevilla como la Semana Santa, las cofradías y la República, el señorito y los braceros del campo y el fantástico apunte del natural que hace en su crónica sobre la salida de la Hermandad del Rocío de Triana en junio de 1936, cuando ya se mascaba la tragedia que iba a dividir a España.



Suenan los cohetes que anuncian la salida del simpecado de Triana de su entonces sede en la Iglesia de San Jacinto. Ha terminado la misa de romeros a la que asisten todo ellos con sus chaquetillas blancas y sus zahones pespunteados, fajas de vivos colores y camisas rizadas, el sombrero de ala ancha en una mano y la vara de plata en la otra. Y continúa: “Cada viva a la Blanca Paloma –me ha dicho con sorda indignación un receloso demócrata- es un disimulado muera la República”. Y sigue la descripción del ambiente en la arteria principal del barrio de Triana: “Dando de lado a las luchas políticas y sociales, olvidando por un momento la honda división que hoy separa a unos españoles de otros, la gente, toda la gente de los pueblos, los bolcheviques como los cavernícolas, los rojos y los verdes, acuden complacidos al paso de los romeros para verlos desfilar”. Y mientras, la calle luce sus balcones con banderas comunistas con la hoz y el martillo y pancartas llamando a la próxima huelga de jornaleros.


En estos reportajes para el diario 'Ahora', que el mismo Chaves Nogales dirigiría después, cobra vida una de las mayores manifestaciones de la religiosidad popular de Andalucía a solo un mes del golpe de Estado del general Franco que pondría al ralentí durante tres años al sistema político salido del derrocamiento de la Monarquía el 14 de abril de 1931.



La edición de Almuzara recoge otras variadas crónicas que para el mismo periódico escribió Chaves Nogales en los albores de la gran convulsión que sufriría España en 1936. Y si me fijo en estos escritos, sin menosprecio alguno del resto de su bibliografía, es porque rara vez se ha punteado con tanta precisión y acierto literario lo que estaba ocurriendo en la calle cuando ya sonaban trompetas de guerra en nuestro país. Si se deciden a leer 'Andalucía roja' no se pierdan el capítulo titulado 'Las cofradías y la República'. No tiene desperdicio ni se puede escribir mejor.



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