Detrás de la pantalla (XV): Gitanos y presumidos

Imagen captura de la cuenta de Twitter de @GitanosTikTok.
Imagen captura de la cuenta de Twitter de @GitanosTikTok.

Qué descubrimiento. Qué maravilla. Internet está justificado solo por obras de arte como esta: en Twitter hay una cuenta que se llama @GitanosTikTok y que da exactamente lo que promete.


La cuenta recopila vídeos de los calés más variopintos de nuestro país, con un sentido del humor exquisito y el despliegue de una cultura que a muchos nos es ajena.


Lo que más me fascina de este catálogo de vídeos que resume el día a día de -algunos- gitanos es el universo que existe tras los dispositivos de vigilancia.


Que nadie se me ofenda por hablar de gitanos y delincuencia en las mismas líneas (o sí, ya que dicen por ahí que una columna que no ofende a nadie es poco más que papel higiénico), pero esto es algo que tenemos que comentar.



En esta cuenta tuitera, como decía, hay bastantes vídeos de orgullosos propietarios de tobilleras de las que instala la Policía Nacional a quienes las merecen. 


Lo llamativo es que hay muchos que las decoran. Si ahora, con el confinamiento, el ‘do it yourself’ se ha puesto de moda, los usuarios de estas tobilleras de seguimiento las embellecen con avalorios para que, ya que las llevan, estén lo más bonitas y llamativas que lo permitan las circunstancias actuales.


Tiene sentido, en realidad. Si ahora hay mascarillas decoradas y fundas con telas como las que hace la diseñadora almeriense NanniQ, un delincuente puede llevar su pulsera de seguimiento con diamantes incrustados, si le apetece. Lo importante es estar a gusto con lo que llevas, incluso aunque sea por imposición sanitaria o legal.


Como la tecnología (aunque sea la de seguimiento policial) no está reñida con la moda, podríamos ir pensando cómo customizar a esos ‘perros robots’ que ya vigilan las calles de Singapur para certificar que la gente guarda la distancia de seguridad, que es una noticia que me pasó mi proveedor oficial de locuras y memes, Fran Silvente.


Y hablando de certificados, vamos a rematar la columna con otra modernidad que nos indica que vivimos en una era fascinante: Roquetas de Mar quiere certificarse como la primera ciudad del mundo libre de coronavirus. Otra maravilla. El límite es el cielo, y con Gabriel Amat al mando, aún más. Qué tiempos estos.


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