Naufragio en San José

Un pasaporte rescatado fue el salvoconducto de unos tripulantes que no podían pisar tierra

Pasaporte conservado tras el naufragio.
Pasaporte conservado tras el naufragio.
Antonio Gil Albarracín
07:00 • 19 abr. 2020

Detrás de cada patente de sanidad o pasaporte hay historias singulares que apenas han sido tenidas en cuenta por los historiadores hasta ahora.



El 14-10-1760 hacía prácticamente un año que Carlos III había sido jurado rey de España, tras la muerte de su hermano Fernando VI sin descendencia. Llegó al trono español con una amplia experiencia de gobierno que ejerció durante un cuarto de siglo como Carlos VII en Nápoles y Sicilia, y la vida continuó con la rutina establecida antes de que ocupara la corona española. Estaba en curso la Guerra de los Siete Años, aunque España se mantuvo al margen de la misma hasta que las agresiones británicas a los territorios españoles en América obligó a la corona a entrar en la misma.



En aquellas fechas España era un país neutral en cuyas aguas territoriales convivían la amenaza de las tormentas y la restricción de movimientos, que prohibían pisar tierra sin autorización.



Según se desprende de la documentación conservada en el Archivo Municipal Adela Alcocer Martínez de Almería, el 14-10-1760 se refugiaron en cala Figuera, bajo el amparo de la artillería del fuerte de San José, cuyo gobernador era Carlos Doucet, dos embarcaciones catalanas, de las cuales una procedía de la colonia británica de Gibraltar, y un jabeque ibicenco llamado San Antonio de Padua, al mando del patrón Andrés Calvet, igualmente ibicenco, procedente del puerto de Málaga.



A causa de la intensificación de la borrasca la noche del 16 al 17 las tripulaciones de las tres embarcaciones, temiendo por su vida, saltaron a tierra, manteniéndose en la orilla del mar, desde donde pudieron contemplar que uno de los barcos catalanes, empujado por la tormenta embistió con tal violencia al jabeque ibicenco que lo partió en dos, enviándolo a pique. Solo pudieron salvar la vela y el palo trinquete, así como la lancha y la ropa de uso de la tripulación.



El resto del naufragio se lo llevó el mar embravecido y los despojos arrojados posteriormente a las playas se hallaron totalmente inutilizados.



Tras el aviso del gobernador del fuerte de San José a la Junta de Sanidad de Almería, cabecera de la jurisdicción, dicha institución envió a los comisarios Miguel Vázquez e Indalecio Benavides, entre otros, al citado fondeadero.



Presentes en el fuerte de San José el 20-10-1760 por la mañana declaró ante ellos Andrés Calvet, patrón de la embarcación siniestrada, quien dio noticia de los hechos y aportó la documentación que había logrado salvar: un pasaporte emitido en Málaga el 12-10-1760, encabezado por el escudo simplificado de la ciudad, autorizando a los franceses Joseph de Ortega y Rafael Neto para que viajaran a Ibiza en el jabeque que patroneaba el citado Andrés Calvet.




Ante semejante testimonio los comisarios de sanidad habilitaron al patrono, a los tripulantes y al pasaje a pasar a tierra y a ejercer el comercio.


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