“Juan Leal, no llevo dinero”

Homenaje a un hombre de su cofradía y a toda una generación clave en la Semana Santa

A la izquierda, foto histórica de la cuadrilla de la Oración; a la derecha, Juan Leal tras el Prendimiento.
A la izquierda, foto histórica de la cuadrilla de la Oración; a la derecha, Juan Leal tras el Prendimiento.
Álvaro Hernández
00:48 • 01 feb. 2024

Los palos que da la vida a traición suelen dejar una lección (entre otras muchas): los homenajes hay que darlos en vida, cuando la persona a la que celebramos aún puede disfrutarlo y sonreír. Pero con frecuencia, se nos olvida.



Así que allá vamos. Hoy toca homenajear a un hombre que, sin ruido ni mucho alboroto, ha sido fundamental en la Semana Santa de Almería. Una de esas personas a medio camino entre lo anónimo y lo popular que construyen, día a día, las cofradías. Una abeja obrera dispuesta a darlo todo por la reina, siendo en este caso concreto la monarca el Prendimiento de Juan Leal Rodríguez.



Tras cerca de 40 años ligado al mundo del costal y 35 años de vida dedicados a la escena en la que Judas besa a Cristo para entregarlo, Juan Leal cuenta en su currículum cofrade con una túnica casi sin estrenar, una vida de costalero que acabó en 2004 (cuando se retiró tras compartir un año trabajaderas con su hijo) y casi 20 años como contraguía del Prendimiento, aniversario que no llegará a cumplirse porque le ha tocado cambiar de rol en su cofradía.



Porque ese es el sino de alguien como él, un hombre de cofradía. Como esos antiguos hombres de club dedicados a ser utilleros de un equipo de fútbol durante décadas, mimando a generaciones y generaciones de chavales que juegan al fútbol y habiendo visto pasar a decenas de entrenadores por el banquillo. Un hombre de cofradía, de su cofradía. Del Prendimiento.



Más allá de ir en la trasera del paso que ahora empieza a verse dorado trasladando órdenes y matizando movimientos, Juan Leal ha sido siempre una auténtica máquina de recaudar dinero para su Cristo. Rifas, estampas, camisetas, llaveros, pines o incluso los primeros incensarios de barro que se vieron por Almería han sido durante años la fuente de ingresos con la que este cofrade ha buscado financiación para una marcha más, un mantolín para el Señor del Prendimiento... Lo que fuera para su paso.



De hecho, "Juan Leal, no llevo dinero" se llegó a convertir en un saludo frecuente en los ensayos, antes de que este vigilante de seguridad de profesión se dispusiera a pedir removiendo cielo y tierra para (y por) los suyos.



Una generación clave



No obstante, estas líneas dedicadas a un hombre que también estuvo en juntas de gobierno (siendo hermanos mayores Enrique Marín, Pepe Miras y José Ramón Suárez) sirven también como homenaje a otros muchos nombres de su generación que, al igual que él, han sido claves en lo que hoy somos, cada uno a su manera.


De hecho, Juan Leal forma parte de una foto histórica e icónica de la Semana Santa de Almería: la de aquella primera cuadrilla de costaleros de estos lares, creada por Carlos Galice en los Estudiantes para llevar al Señor de la Oración en el Huerto.


En aquella foto, junto a Juan Leal, se encuentran nombres a los que se les debe mucho. Está, por ejemplo, Juan Sagredo, cuya voz sigue a día de hoy guiando los pasos del Señor de Pasión y Salud. También está el añorado Enrique Vivas, cuyo eco resonará por siempre en el barrio de Oliveros y cuyo legado custodia hoy su mujer, Mari Carmen Pantoja. O Balta, quien dejó, entre otros muchos legados a la ciudad, un Cristo en la Almedina que corta la respiración. Y, con ellos, el Pirata, el Cucurucho, el Papica...


Esos son nuestros pilares, y todos venimos de aquello. De Luis Pardo mandando primero aquel Prendimiento de Juan Leal y luego la Merced. De un joven Manuel Vicente siendo costalero con ellos y creando luego la cofrade saga de los Barranco. De Galice y su bastón. De Paco Montoya, el padre del Eloy, que fue costalero en el Cautivo con el Pasteles, siendo Manolo el Patata capataz. Historia de la Semana Santa de Almería. De ellos venimos, y de otros tantos a los que tampoco debemos olvidar, aunque no estén en estás líneas.


Por eso, en una época en la que los mayores nos estorban en el día a día como sociedad, nunca está de más mirar hacia atrás para acordarse de dónde venimos, sacar lo mejor de todo lo que se pueda aprender, dar las gracias y brindar por todos los que nos trajeron hasta aquí. Como Juan Leal.


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