Cines: los últimos restos de aquel naufragio

Todavía se pueden ver los vestigios de algunos de los cines que fueron lugares sagrados

Lo que queda del cine Moderno y de la terraza del mismo nombre, detrás del Ayuntamiento.
Lo que queda del cine Moderno y de la terraza del mismo nombre, detrás del Ayuntamiento. La Voz
Eduardo de Vicente
20:02 • 18 may. 2024

Los niños de hace cincuenta años pensábamos que los cines del centro de la ciudad eran como la iglesias, que estaban hechas para sobrevivirnos, para durar toda la vida. Estábamos convencidos de aquel era un mundo inalterable, una forma de vida que había marcado la juventud de nuestros padres y que habíamos convertido en una ilusión colectiva desde aquel día que nos vistieron de domingo y nos llevaron por primera vez al cine. Las salas del centro fueron el refugio de varias generaciones de almerienses, donde íbamos los fines de semana a olvidarnos de las obligaciones cotidianas: de los padres, de la escuela, del porvenir. Allí nos sentimos mayores por primera vez aquel domingo por la tarde cuando nos dejaron ir solos al cine con los amigos del barrio. Crecimos en un patio de butacas con una bolsa de cacahuetes en las manos, coreando los puñetazos del muchachillo, mascando aquellos chicles de peseta que perfumaron de menta nuestros primeros besos a escondidas.



De lo que fue aquel universo de salas y carteleras que se repartían por los barrios y el centro de la ciudad en salas de invierno y terrazas de verano ya no queda casi nada: el Teatro Cervantes y algunos detalles en solares y fachadas, los últimos restos de aquel naufragio. Las ruinas mejor conservadas de lo que fue la era de los cines las podemos encontrar detrás del Ayuntamiento, donde sigue en pie el edificio del cine Moderno, en cuya azotea se mantiene casi intacta la estructura de aquella terraza que marcó una época en la década de los setenta. Todavía se puede ver la pantalla y al lado la caseta del ambigú donde una bombilla barata iluminaba el camino que llevaba hacia ese mundo mágico que representaban entonces las gaseosas. La terraza Moderno es hoy el patio de recreo de un colegio de educación especial.



También ha sobrevivido al paso del tiempo un trozo de la fachada posterior del edificio donde estuvieron los multicines Imperial. Dando a la calle Juan del Olmo, resiste una de las estrellas que decoraban aquel complejo cinematográfico que acabó instalándose en el solar donde nació la histórica terraza Versalles, bautizada después como Imperial. De los cines del centro el único edificio que se mantiene sin grandes cambios en su parte exterior es el del Reyes Católicos, hoy convertido en una sala de bingo. Del Hesperia no queda nada, como ocurre con lo que fue el cine Liszt y el cine Gelu. En la Plaza de Marín, sobre el solar del Centro Cinematográfico, construyeron el edificio de Urbanismo y el restaurante que lo corona. Tampoco hay huella del cine Roma de la calle de la Reina ni de las terrazas veraniegas que se distribuían por los barrios. La única pista que nos queda de lo que fue aquel entramado de salas de cine a extramuros la podemos encontrar en el Barrio Alto, donde aún es posible descubrir un trozo de la parcela donde estuvo instalado el mítico cine Monumental, un auténtico templo que si en esta ciudad hubiéramos tenido conciencia de conservación hoy estaría todavía en pie, como si fuera un museo. En la otra esquina de la ciudad, en el barrio del Reducto, podemos pisar aún el suelo donde estuvo el cine Pavía. El solar se ha mantenido intacto durante las últimas décadas, en el corazón de la calle Arquímedes. El terreno donde estuvo ubicada la sala de cine hoy es un aparcamiento improvisado de coches donde destacan los únicos restos que quedan en pie de lo que fue la muy antigua muralla del Socorro, abandonada a su suerte, perdida en la historia, como las viejas salas de cine que hoy solo habitan en el desván de los recuerdos.








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