Las huellas de la tragedia

Ni un monumento ni una calle que recuerde a los obreros del Azorín

Solo quedan tres de las lápidas originales de 1970.
Solo quedan tres de las lápidas originales de 1970. Tony Fernández
Tony Fernández
19:48 • 18 may. 2024

De los 14 nichos de los obreros que fallecieron en el edificio Azorín solo tres mantienen las lápidas. Descansan 8 de las víctimas y 6 fueron exhumadas. Almería no los olvida, pero parece que sí. Han perdido protagonismo en esas visitas al cementerio el ‘Día de Todos los Santos’ y su descanso eterno se ha visto alterado con salida a otros lugares del campo santo o recibiendo a un familiar con el que compartir el descanso eterno. No tienen ni monumento que los recuerde ni una placa en el lugar del siniestro. Qué solos están los obreros del edificio Azorín. Si algún político prometió algo, que lo vaya cumpliendo. Almería no debe de olvidarlos nunca. A tiempo estamos. Más vale tarde.



La calle 6



Fueron 15 los fallecidos cuando se desplomaba un 15 de septiembre de 1970 el edificio Azorín. Uno era enterrado en el cementerio de La Cañada y los otros 14 en dos alturas en la calle 6 del cementerio de Almería con unas lápidas blancas en su mayoría. “En la punta arriba a la izquierda”, nos decíamos unos a otros los almerienses interesados en visitar los nichos del cementerio. Aún se conservan los del árbitro y el futbolista con su foto en el nicho, y tres lápidas originales, mientras otros ya comparten su descanso con familiares cercanos, viudas en su mayoría. Ha dejado de ser lo que era ese tramo en la zona alta del cementerio de San José, cuando en un mar de gentes eran enterrados esos catorce obreros del edificio Azorín entre rabia y resignación.



No paraban de pasar por ese escenario en el ‘Día de Todos Los Santos’ miles de almerienses, porque llamaba la atención cómo a dos alturas esas lápidas blancas con el número arriba reflejaban una misma fecha de fallecimiento: (15-9-1970). Unos fueron sacados hace unos años para compartir descanso en lugares diferentes, alejados del drama eterno, mientras a otros las familias cumplieron hasta que le permitía el bolsillo y fueron sacados del nicho, y llevados a compartir con otros su descanso. Se están borrando las huellas de la tragedia y la calle 6 ahora es la de Juan Antonio Barrios o Nicolás Uclés, que llegaron muchos años después para hacerles compañía, ambos enfrente.



Su libro



No ha perdido ni un ápice todo el drama que encierra una de las tragedias más grandes en la historia de nuestra ciudad. Los nombres están en la hemeroteca de LA VOZ de Almería y en una obra brillante de José Manuel Bretones que narra con todo lujo de detalles aquella tragedia que nunca encontrará consuelo en esas familias que vieron cómo la vida se les desplomaba para siempre, como aquel coloso de cemento que no resistió la ambición del progreso y pagaron 15 inocentes con sus vidas. Le perdí la pista con el paso de los años. Mi padre nos llevaba a los cinco hermanos a ver esas tumbas repetidas y rezábamos un padre nuestro recordando la tragedia en Almería. Cuando tuve en mis manos el libro de José Manuel Bretones me propuse volver a visitarlos. Misión cumplida. Es una obra de arte que no se la deben perder.



Memoria



En los tiempos que corren cuando una noticia caduca a los pocos minutos de producirse; hoy que los crematorios acaban con los cuerpos de nuestros seres queridos, siempre nos quedará el recuerdo de una lápida blanca. Y otra, y otra… Así hasta 14 que había en el cementerio de San José: con una misma fecha de fallecimiento. Hoy quedan solo ocho de aquellos que murieron en el edificio Azorín. Igual se me ha pasado alguno, pero contamos 8 ocho nichos de la tragedia. El cementerio ya no es lo que era y la perpetuidad ha dejado de serlo. Pero ellos siguen allí como testigos de una injusticia que no se repara por mil años que pasen. Un día muy triste.


Desamparo

Las viudas y los hijos tuvieron que esperar a juicio para recibir algo de ayuda. No fue tarea fácil aguantar todo ese tiempo, pero salieron adelante mientras abogados defensores y acusadores iban pasando por el Palacio de Justicia para dar testimonio de la tragedia y reparar el daño en forma económica, ya que la vida no se la iban a devolver a 15 inocentes. Se vivieron momentos de rabia e impotencia en la Misa de la Catedral antes del entierro, y luego a la puerta del juicio, pero como suele suceder, siempre pierden los mismos, esos 15 inocentes que trabajaban en el Azorín.


Abandono

Al ritmo que lleva la nueva propiedad del cementerio no va a quedar ni uno de los 14 nichos blancos del Azorín. Ni uno, entre el pago obligatorio y la edad de sus seres queridos están abocados a dejar su espacio y buscar el descanso en nichos compartidos con un nuevo número. Se borran las huellas de la tragedia. Ni un monumento ni una calle que recuerde a los obreros del Azorín.


Si alguien prometió una calle o un monumento que se ponga la mano en el pecho.



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