A propósito del MUREC, el Picasso y Antonio López

Antonio López, el corazón del Museo del Realismo Contemporáneo

Así será el MUREC.
Así será el MUREC. La Voz
Juan Antonio Cortés
20:04 • 10 mar. 2024

Antonio López, el corazón del Museo del Realismo Contemporáneo (MUREC) que esta semana se inaugura en la ciudad de Almería, pasa por ser el pintor más reconocido y cotizado de España. Detrás de aquel hijo de labradores manchegos, ese tipo con barba blanca descuidada, pantalones de pana, camisa a cuadros y parcas palabras, se esconde la figura del mejor pintor realista del último medio siglo y uno de los artistas del pincel más brillantes de cuantos tiempos pictóricos se recuerdan.



El genial Antonio López, el Goya o el Velázquez de la contemporaneidad, el retratista oficial de la Casa Real, el majestuoso escultor del Cristo de la Catedral de Vitoria o de las puertas en bronce de la Catedral de Burgos, el más grande pintor de la Gran Via y la Puerta del Sol de Madrid, el abuelo de ojos vivarachos que trabaja en el caótico bajo de su casa al norte de Madrid, será desde este viernes la insignis persona de un proyecto que vendrá a ser lo que el Museo Picasso representó para la ciudad de Málaga en 2003.



Y es que aquel acontecimiento, unido a la llegada del Thyssen, fue el efecto diáspora que Málaga buscaba para transformar una capital de paso, con escasa oferta cultural y un Puerto antiguo, en parada obligatoria para los visitantes de Marbella, Torremolinos o Antequera. Málaga, con su AVE, el amanecer de su paseo portuario y, sobre todo, su gran anillo museístico liderado por la obra de Picasso, multiplicó las estancias de turistas hasta apuntalar el futuro. Todo eso fue un proceso gestado bajo la astucia de un visionario, Paco de la Torre, su alcalde, y se hizo paralelamente: mientras el Puerto se transformaba, la red cultural tomaba cuerpo y la alta velocidad empezó a competir con el aeropuerto internacional.



Tarde, pero ahora le toca a esta ciudad. Le toca porque, pese a contar con uno de los cinco elementos patrimoniales más visitados de Andalucía (la Alcazaba) y una ciudadela de museos y salas de arte in crescendo, carecía del liderazgo que ahora supone el Murec, un lugar único en España que sí puede, debe y será una motivación que lleve al turista de Roquetas, Almerimar, Níjar o Mojácar a pasear por las laberínticas calles del casco histórico y disfrutar de una propuesta de extraordinaria singularidad.



Málaga recibió en el año 2000 a 500.000 viajeros. En 2023, con un millón y medio de viajeros y más de cuatro millones de visitantes, es la ciudad media que más crece de España. Un dato no menor: 779.279 entraron en el Museo Picasso el año pasado. Por contra, 190.500 personas visitaron los diez espacios museísticos de Almería. Los Refugios, el Museo de Arte Doña Pakyta y todos los espacios temáticos han dibujado una ciudad cultural muy distinta de aquella gris capital anterior a los Juegos Mediterráneos, pero faltaba una referencia global, universal. Un relato de causística para el turista de sol y playa y el crucerista que pregunta por la Alhambra o el Picasso cuando llega al hermético Puerto de Almería.



Las 200 piezas de 111 pintores realistas españoles de los siglos XX y XXI, gentes como Sorolla, Zuloaga, Breute, Dubón, Julio Romero de Torres, Álvarez de Sotomayor, Sunyer y Andrés García Ibáñez, son ya de por sí una invitación a admirar el silencioso susurro de los mejores pintores y escultores de nuestro país. Eso no existía. Pero hay algo más. El Murec es la cumbre de una idea de éxito parida por Gabriel Amat y Javier Aureliano García hace una década desde la Diputación de Almería el mismo día y a la misma hora en que un funcionario de la Junta les entregaba las llaves del derruido y vetusto hospital en una caja de zapatos. Aquella entrega, símbolo del vacío existencial de la antipolítica, se erigió en el motor de un modelo de restauración que no deja dudas: el Hospital ayudará a la capital a reconocerse a sí misma y a mirar al futuro con ojos desacomplejados. Si Antonio López y Andrés García Ibáñez han empujado con determinación es porque están plenamente convencidos de que el tiempo y el espacio ahora sí miran a la capital de Almería. Cuando llegue el AVE y algún día veamos una integración portuaria esencialmente urbana y de ocio... Almería deberá tener una personalidad turística propia y un turismo en niveles altos, pero no masificados. Faltan las infraestructuras y la fe en nosotros mismos. Eso que Beaudelaire llamaría el spleen almeriense. 





Temas relacionados

para ti

en destaque