Un tren para el futuro

Si hay un punto pendiente para la provincia, ese es de las infraestructuras ferroviarias

La estación de tren de Almería.
La estación de tren de Almería.
Manuel Sánchez Villanueva
08:00 • 07 abr. 2023

Quizás uno de los choques culturales más fuertes que he experimentado en mi vida, lo tuve siendo prácticamente un adolescente, cuando me incorporé al Instituto Menéndez y Pelayo, en plena via Augusta barcelonesa.



Como procedía de un colegio almeriense en el que imperaba el principio de que cada uno se buscara la vida como buenamente pudiera, me costó adaptarme a un entorno en el que predominaban valores como la participación y cooperación. Pero ese fue solo el comienzo. Durante los quince años posteriores en los que viví a caballo entre diversas ciudades españolas y europeas, aprendí pocas cosas, pero sin duda una de ellas fue que, cuanto más al norte la latitud geográfica, mayores son los niveles de participación de los ciudadanos en su entorno.



De nuevo en Almería, esa idea nunca me ha abandonado. Pero, al contrario de lo que he oído, no atribuyo esta falta de participación a temas raciales mediterráneos o climáticos, ni siquiera a una especial idiosincrasia. Para mí, se debe claramente al proceso de aculturación a la que se ha visto sometida esta tierra durante mucho tiempo, por motivos que no vienen ahora al caso.



Desde que hace apenas tres décadas los almerienses hemos recuperado nuestro destino o al menos estamos en ello, una de las asignaturas pendientes es dejar de sentirnos simples receptores pasivos de servicios públicos con voz cada cuatro años, para empezar a vernos como ciudadanos participativos.



En este sentido, si hay un punto pendiente para la provincia, ese es de las infraestructuras ferroviarias. Poco puedo añadir al respecto, salvo reiterar que es inaudita la situación de las comunicación por este medio con Madrid o Sevilla, los retrasos en el AVE, que un puerto de las características del de Almería no tenga conexión con el tren o que una comarca de la densidad de población del Poniente carezca de este medio de transporte. 



Sin embargo, lo realmente escandaloso es que, todas estas carencias que en principio podríamos compartir con la España vaciada, se concatenen en un territorio que encadena decenios de superávit exterior, especialmente si tenemos en cuenta que esta continuada aportación neta se produce en un país con un déficit comercial crónico. No se trata solo de una injusticia, es también un pésimo negocio.



Convengo con los que piensan que, en otras zonas, la sociedad no hubiera permitido llegar a tal nivel de abandono. Pero, teniendo en cuenta la situación de la que venimos, no hay que lamentarse. Más bien, me atrevo a apuntar que es necesario trabajar para que la sociedad civil almeriense dé pasos hacia su futuro en este tema.



Un punto interesante podría ser mejorar la propia coordinación de las reivindicaciones. Me lo han explicado muchas veces, pero no termino de entender el motivo de que tengamos varias plataformas sobre el asunto. Lógicamente su organización interna no me compete, únicamente sugiero que podrían mantener unidad de acción, tal y como hacen otros movimientos sociales.


Además, para favorecer la participación de los ciudadanos, hay que pensar de otro modo. Uno esperaría que, para cerrar un acto reivindicativo sobre la situación de las infraestructuras ferroviarias, se diera voz a los estudiantes que tienen que viajar a Madrid en BlaBlaCar o en autobús nocturno, a los empresarios que no tienen más alternativa que recurrir al camión para llevar sus productos al puerto o a los ciudadanos del Poniente o Andarax que carecen de trenes de cercanías.


Llama la atención que este protagonismo en una noche en la que se quiso dar voz a una profunda reivindicación de la sociedad almeriense se cediera a los responsables políticos, quienes ya tienen suficientes altavoces para dar a conocer sus planteamientos. En mi opinión, fue todo un símbolo de que todavía tenemos un largo trayecto que recorrer para creer en nosotros mismos como sociedad desarrollada y abierta, que ha evolucionado hasta interiorizar que los administradores públicos son sus representantes interinos, no los dueños del cortijo de Los Santos Inocentes a los que el pueblo llano tiene que escuchar como dice la última palabra.


Yo confío que a pesar de todo vayamos dando pasos para que no se escape este tren. 


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