El miedo se cuela en las aulas

Los institutos echan a rodar con la incertidumbre y con la sensación de falta de planificación

Las escaleras de acceso al instituto Celia Viñas se han señalizado para marcar el distanciamiento obligatorio.
Las escaleras de acceso al instituto Celia Viñas se han señalizado para marcar el distanciamiento obligatorio.

Echan a andar los institutos con la sensación de que el curso empieza ‘a lo que salga’. Estamos ante toda una aventura donde se han dejado demasiados cabos sueltos. La incertidumbre es generalizada porque se tiene la sensación de que la planificación no ha sido suficiente, que no se corresponde con la realidad sanitaria que se está viviendo, que con un bote de gel hidroalcohólico y una mascarilla no va a ser suficiente para que el proceso educativo se desarrolle con normalidad.


El miedo se ha colado en las  aulas antes de empezar. Se ha podido sentir su presencia en las reuniones previas de los equipos directivos, que tampoco saben muy bien cuál va a ser la ruta a seguir en este curso y que como los alumnos y los padres, empiezan la aventura echando mano de aquella vieja frase que dice: “Que Dios nos pille confesados”.


Félix Expósito, profesor del instituto Celia Viñas, asegura que más que tener miedo a la enfermedad, el temor se centra “en que vamos a vivir una realidad desconocida hasta ahora donde la incertidumbre va a estar presente como un elemento más de la clase”.


En su centro, el Celia Viñas, se pueden ver las señales de la nueva realidad hasta en las escaleras, que se han dividido en dos tramos, uno para subir y otro para bajar. Cada dos metros aparece una franja en  el suelo, recordando la obligación de guardar las distancias y por todos los rincones del edificio aparecen los botes de gel para las manos.


Una de las novedades más significativas en el instituto de la calle Javier Sanz, se va a poner en marcha en los cursos superiores, donde se van a alternar las clases presenciales con las telemáticas, siempre que la evolución de la enfermedad lo permita. Está previsto que haya dos turnos: los alumnos que acudan a clase a primera hora estarán en el centro hasta el recreo, que marcará el cambio de turno. El resto de la jornada la tendrán que seguir desde sus casas de forma telemática para que los alumnos que habían asistido a las tres primeras horas por ordenador, ocupen sus puestos en las aulas. Se ha optado por seguir un modelo híbrido, tratando de acercarse en la medida que se pueda a lo que era la normalidad antes de la epidemia,  una vez que ha quedado demostrado que el recurso que se utilizó en el último trimestre del curso anterior, de dar las clases a través de Internet, no puede ser por ahora una alternativa  fiable.



Uno de los institutos que van a ser observados con lupa en las primeras semanas del curso va a ser el Sol de Portocarrero, en el barrio de La Cañada, al tratarse de uno de los centros con mayor número de alumnos de la capital, por encima del millar. Entre las medidas que se han adoptado dentro del protocolo de seguridad, destaca la puesta en funcionamiento de varias entradas de acceso al centro para evitar las habituales aglomeraciones de alumnos y la modificación del lugar de los recreos. Se pretende que cada clase salga a su propio patio. Una de las aspiraciones de este centro era disminuir el número de alumnos por clase, sobre todo en las aulas donde se acumulan más de treinta estudiantes, pero la reducción no va a ser posible.


Las clases se iniciarán el martes en todos los institutos de Almería con un nuevo invitado dentro de las aulas, el miedo, y una realidad distinta que choca de lleno con la tradición. Los alumnos y los profesores tendrán que acostumbrarse a convivir a diario con el distanciamiento social, lo que puede suponer un gran esfuerzo para los jóvenes, a los que tanto les cuesta guardar las distancias con sus compañeros, como hemos podido comprobar a lo largo de los últimos meses en bares y plazas. 


En esa nueva normalidad que reinará en las aulas entrarán en acción nuevas emociones que van a marcar la convivencia. El contacto con los profesores será desde lejos; se suprimirán las salidas a la pizarra y la desconfianza estará presente en cada movimiento. Es difícil imaginar cómo se podrá desarrollar el proceso de aprendizaje en un clima de incertidumbre, donde todo el mundo va a estar bajo sospecha con la cara tapada y oliendo a alcohol.


¿Qué hemos hecho mal?

Allá por el mes de abril, cuando Almería presumía de ser  una de las ciudades menos afectadas por la epidemia, hubo quien dijo que nos estábamos librando gracias a nuestro clima tan particular, al sol que era nuestro mejor aliado y a esa humedad tan característica que actuaba como un repelente del virus. El tiempo ha demostrado que no nos salvaba el clima, sino nuestro aislamiento. En marzo, cuando llegó la enfermedad, estábamos solos, sin un turista con el que cruzarnos por la calle. El verano, la eclosión de visitantes, la falta de responsabilidad de una buena parte de la población y la relajación imperdonable por parte de las autoridades nos han colocado a la cabeza de contagios en Andalucía. En algo nos habremos equivocado.



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