En casa - Día 66

“En un duermevela, me pregunté de qué material tienen las tripas aquellos capaces de mentir”

"Me encuentro harto: de tanto enfrentamiento, de tanta política de cloaca, de que nos engañen con lo de las mascarillas,..."
"Me encuentro harto: de tanto enfrentamiento, de tanta política de cloaca, de que nos engañen con lo de las mascarillas,..." Pixabay

Sería entre las cinco y cinco y media de la madrugada que escuché el sonido de los motores de los barcos de pesca de Garrucha, ‘las vacas’, rumbo a la faena en los caladeros. Pensé en el duro trabajo de esta gente, como también en el de los panaderos de Lubrín, de Los Gallardos, de Antas, de Adra, y recordé haber oído al romper la noche el camión de la basura volcando los contenedores en su panza. Luego le di vueltas al trasiego de cuántas personas podrían hallarse a esas horas alistándose en el batallón de trabajadores, o en el regimiento de voluntarios, o en la cadena del hambre. Con la llegada del clareo, dejé colarse por la ventana a Kenny G y a Whitney Houston.


En un duermevela, me pregunté de qué material tienen las tripas aquellos capaces de mentir, de mentirnos a los que cada mañana, cada noche, se agarran/nos agarramos del cuello con el propósito de salir adelante. Con qué potingue está fabricada el alma de tanto trilero sin escrúpulos. En nombre de nuestro bienestar articulan componendas, promueven la derogación de la reforma laboral a cambio de un par de votos. Aparte de la conmoción nauseabunda, me digo que de qué derogación hablan si no hay trabajo y, al decir de los entendidos, menos va a haber de ahora en adelante. Este hemiciclo, parcialmente telemático de momento, vive en su mundo inverso, de tal modo que la mentira es verdad y la verdad es un invento.


Me encuentro harto. Harto de tanto enfrentamiento, harto de tanta política de cloaca, harto de que nos engañen con lo de las mascarillas, harto de que llamen facha o chichinabo a quien no comulga como tú, harto de…, a ver Serrat, échame una mano: “Harto ya de estar harto, ya me cansé, de preguntar al mundo porqué y porqué”. Bien tras tanta hartura no sé yo si…, porque, según un proverbio árabe “la primera vez que me engañes, será culpa tuya. La segunda será culpa mía”, y la tercera, y la cuarta, y la quinta…


Mi amiga Ángela, experta ufóloga seguidora de la escuela de Sixto Paz, me comenta telefónicamente que, según el autor y conferenciante peruano sobre el fenómeno ovni y el contacto con extraterrestres, estamos atravesando un periodo en el que se pretende que la gente no se una, no comparta, que es un montaje que trata de matar el alma, en definitiva, que esta pandemia no es natural, sino manipulada. Sixto Paz no es el único en plantear esta hipótesis. Donald Trump es un firme creyente de que el coronavirus lo han fabricado los chinos, pese a que la Organización Mundial de la Salud asegura que no ha intervenido la mano del hombre.



Oigo voces, vienen de los balcones y ventanas de enfrente. Son vecinos que están a su día a día, con la tele escuela de los pequeños, la lavadora puesta y notando, tal vez, que ya estamos a día 22, que hay que llegar a fin de mes. Esta si que es una verdad irremediable. Yo, sin dudarlo, hasta el lunes me quedo en casa.


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