En casa - Día 45

“Somos afortunados, disponemos de riquísima terminología en nuestro idioma”

"Hoy escribo a hombros de la epopeya, o sea con el fondo de bandas sonoras"
"Hoy escribo a hombros de la epopeya, o sea con el fondo de bandas sonoras" Pixabay

La palabra ‘desescalada’ no existe en el diccionario de la Real Academia Española. Quiero decir que, por favor, dejemos de utilizarla. Maltratamos a nuestra Lengua de modo salvaje. Alguien se inventa un barbarismo con tal de quedar como muy florido de verbo, correcto en el manejo del léxico, sabio incluso; el término se extiende hasta hacerse de uso común, inclusive los Medios de Comunicación caemos en la trampa. Somos afortunados, disponemos de riquísima terminología en nuestro idioma. Vamos a emplearlo bien. En lugar de ‘desescalada’ sugiero utilizar, con perdón, algunas de estas palabras: reducir, disminuir o rebajar.


Hoy escribo a hombros de la epopeya, o sea con el fondo de bandas sonoras de películas estilo “Carros de fuego”, “Bailando con lobos”, “El planeta de los simios”, “La Misión”, “Leyendas de pasión”, “Forrest Gump”, entre medias se me cuela “La vida es bella”. Oiga, que siento como si se me enredara una hiedra trepadora. Esta mañana he oído en la radio que se cierra el fantástico hospital que se construyó en el recinto de IFEMA de Madrid porque ya no es necesario, tal vez de ahí la emoción se me haya subido a la parra. Desmontar ese hospital es, así lo siento, como cubrirlo con una pérgola verde, frondosa, un jardín despejado de angustia, de desconsuelo; es tapizarlo con ficus de hojas blancas o amarillas. Es un profundo agradecimiento a todas las personas que han puesto su conocimiento y, lo más importante, sus vidas, para salvar las de otros, para aliviar el abatimiento, el desaliento, de tantos y tantos enfermos. Y me voy a permitir extender este agradecimiento a todos los profesionales sanitarios de cualquier hospital, de cualquier Centro de Salud, de acercarse hasta lo más recóndito del país con el único objetivo de curar.


Estas letras verán la luz hoy, 1 de mayo, Día Internacional de los Trabajadores. Qué terrible paradoja cuando como ahora no hay trabajo, como cuando ahora el mercado laboral es más frágil que nunca, como cuando ahora las pequeñas empresas y no tan pequeñas no saben si podrán abrir en la primera o segunda o tercera fase. Es dura la incertidumbre, máxime si las ayudas, las expectativas, se van dando gota a gota. En fin.


Mañana, según quienes, según cómo, según a qué hora, se podrá salir a la calle. Y me alegro, son muchos los días encerrados entre cuatro paredes. Creo, a la hora de escribir esto lo ignoro, que se podrá hacer deporte en solitario, a los adultos se les concede dar algún que otro paseo, me pierdo en si se habrá de llevar o no mascarilla obligatoriamente, y, si no me equivoco, no se podrá salir de la provincia. Tal cual lo decía mi paisano, menos da una piedra. A ver, cada cuál es muy dueño de hacer lo que crea más oportuno. Sin embargo, la verdad, a mí me da cierto repelús tanta gente en la calle sin haber realizado los test que, según los expertos, habrían de haberse hecho. Por eso y de momento, yo, sin dudarlo, me quedo en casa.




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