La eterna enamorada de Huércal-Overa

Ana Martínez Parra lleva 17 años mandando cada 25 de octubre una carta a su marido muerto

Poemario de Ana Martínez Parra dedicado a su marido Conrado Sánchez fallecido en 2006.
Poemario de Ana Martínez Parra dedicado a su marido Conrado Sánchez fallecido en 2006.
Manuel León
21:49 • 25 oct. 2023

Ayer ocurrió de nuevo, como viene ocurriendo cada 25 de octubre desde hace 17 años ese milagro que se llama recuerdo: a la redacción llegó el correo electrónico de una mujer enamorada, luchando contra la tempestad del olvido, con unas letras cuajadas de ternura, de afectos, de complicidades, contándole a su marido muerto, en ese obituario fiel a su cita anual, cómo crecen sus nietos, cómo se desenvuelve el mundo al que él ya no pertenece. Esa viuda se llama Ana Martínez Parra y es de Huércal-Overa y el destinatario era -es aún en el corazón de la remitente- Conrado Sánchez, un agricultor huercalense, que perdió la vida en un amargo accidente junto a su tierra de El Saltador el 25 de octubre de 2006 cuando tenía 61 años de vida.



Conrado fue un político honrado de los 80 y de lo 90, concejal de su pueblo, diputado provincial y parlamentario andaluz. El hombre que primero habló del Trasvase del Negratín que hoy riega  de jornales la vega del Almanzora. Uno lo escuchaba por la radio hablando como aquellos políticos antiguos de la República, pidiendo lo justo para todos, en unos tiempos en los que esta provincia aún estaba amaneciendo. Conrado era del PSOE, pero también militaba en el partido del sentido común, sin estridencias, un hombre del campo, que sin entender ni saber de letras, consiguió licenciarse en Derecho a los 60 años. Polvo es ahora Conrado, pero seguro que, como escribió Quevedo, polvo enamorado de una mujer que lo sigue recordando y que cada año le escribe unas letras para que su memoria no perezca, como aquella Rebeca Méndez  acudía cada tarde al Muelle de San Blas esperando el regreso de su amor. Para Ana, esa mujer que cada año manda su obituario al periódico, su marido no volverá porque nunca  se ha ido del todo.  Y le seguirá hablando de sus nietos y de que los judíos y los palestinos han vuelto a pelearse. No hay nadie en la provincia que 17 años después siga escribiendo a un marido muerto. Hoy, Conrado tendría 78 años, seguiría regando su huerto y su higuera como un Miguel Hernández  del siglo XXI y llamaría a Blas Diaz Bonillo para tomar unos vinos.









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