Los tiempos

Despertamos a otra realidad, a ese otro escenario vital que se llama cotidianeidad

José Luis Masegosa
22:07 • 27 ago. 2023

Al alba de este lunes aún resuenan en nuestros oídos los cláxones cercanos de las atracciones que han dibujado un mundo de colores en la bendita inocencia infantil. En estas jornadas se inicia un incesante trasiego de feriantes. Los obreros de sueños y trashumantes de ilusiones reinician su camino solitario y triste por donde el sendero los lleva, hasta que el  alba de otros días de resaca, como el de hoy, les despierte y, como al que suscribe, nos descubra que los relatos de verano, como las ferias,  en numerosas ocasiones, son un sueño imposible. Hasta entonces nos ubicamos en un nuevo plano.



Amanece esta jornada y despertamos a otra realidad, a ese otro escenario vital que se llama cotidianeidad, a esas tablas llamadas normalidad -.qué paradoja- en la que nada más abrir los ojos nos sentimos estresados por las actividades y tareas que realizaremos durante la jornada. Y es que parece que vivir estresado es sinónimo de hacer bien las cosas. No hay quien nos cambie. Nos entregamos a planificar el tiempo, nuestro tiempo, con el reloj para no perder ni un solo segundo, pues desde que despertamos nos aprestamos a organizar las tareas personales y domésticas, los trabajos de cada cual, e incluso las interacciones sociales que nos esperan a lo largo de la jornada. Somos incapaces de dejar nada a la improvisación, nos empeñamos en controlar todo aquello que se escapa a nuestro control y habitualmente nos frustramos si los objetivos no se cumplen tal y como los habíamos programado. Uno se estresa solo de decirlo en voz alta, de pensar en ello. Y en tanto desgrano palabras el retrovisor nos adivina las cosas que dejamos de hacer o la cantidad de personas a las que tuvimos que decir no porque no cabía un solo nombre más en la agenda de nuestros días. Este descubrimiento nos entristece porque parece que aún no hemos aprendido que todo tiene un tiempo, y que el Tiempo, con mayúscula, es irremediablemente incontrolable para los tiempos que como humanos manejamos. Todo tiene su tiempo, y todo puede esperar.










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