El odio viaja solo

Cuando viajaba en un abigarrado autobús urbano, asistí impávido a un deleznable espectáculo

José Luis Masegosa
09:00 • 19 dic. 2022

Hace algunos años, cuando los españoles de la emigración a los países europeos comenzaban a regresar y a iniciar una nueva vida junto a su familia, otros disfrutaban ya de una merecida jubilación en su tierra de origen, como Juan. En las horas balsámicas de la memoria sentimental, muchos años después, mi amigo, el hijo de Juan, nos paseó por los insalvables obstáculos de aquellos protagonistas de la emigración –ahora migración-, que él padeció,  y nos describió aquella noche de triste alegría junto a su padre, quien en años alternos, cuando él no venía de vacaciones recibía la visita de alguno de sus vástagos. 



En aquella primera vez de mi amigo, la noche transcurrió borracha de secretos y confesiones acerca de la cruda realidad de la emigración. Las amargas y tiernas lágrimas de Juan se suicidaron en la navideña noche germana sobre el dormido rostro de su hijo, quien, llegado este punto, nos dejó huérfanos del epílogo de su angustioso relato.



Anteayer, cuando viajaba en un abigarrado autobús urbano, asistí impávido a un desgraciado y deleznable espectáculo. En una parada del trayecto subió al vehículo una mujer de teñido rubio, que debía superar los ochenta largos, empaquetada y etiquetada con registros textiles de alta gama. Mientras trataba de ubicarse en uno de los escasos asientos disponibles, otra mujer, joven, de tez morena y rasgos latinos, que iba de pie, le tendió la mano y en un gesto de solidario civismo trató de ayudarla. Apenas se aproximó a la altiva viajera, ésta comenzó a vociferar, a gritar y a vomitar improperios de odio: “¡Déjeme y váyase con todos los emigrantes a su país!”. “¡Qué altura de emigrantes!”. La intervención de un espontáneo usuario zanjó el incidente, ante el educado silencio de la viajera latinoamericana y ante el atónito asombro del resto del pasaje. Ayer se celebró el Día Internacional del Migrante. Me acordé de Juan, el padre de mi amigo y compañero. Y hoy me pregunto qué celebraría la abochornada migrante latina cuando en este país el odio viaja solo, aunque sea en autobús.  








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