Estadio caballo de fuerza

“¿Qué diablos significa ese nombre y qué ventajas traerá consigo, para Almería?“

Rafael Lázaro
09:00 • 23 jul. 2022

Así será el nombre de nuestro Estadio de los juegos Mediterráneos en el futuro durante al menos 25 años que durará el contrato de usufructo concedido por el Ayuntamiento a la empresa dueña de la UD Almería. Hasta el momento no he leído ningún comentario crítico con el “nombrecito” caprichoso impuesto por un poderoso y millonario personaje al que ha sido motivo de orgullo de los almerienses desde la celebración de los Juegos Mediterráneos que tanto impulso dieron a nuestra ciudad. 


Y yo me pregunto ¿Qué diablos (pensaba escribir otro término más ajustado a la indignación) significa ese nombre y qué ventajas traerá consigo, para Almería, los almerienses y los aficionados al futbol? No he conocido un caso más flagrante de aplicación del dicho aquel de que “el que paga manda” y déjate de monsergas justificativas. Pero yo pongo una objeción, el estadio de los Juegos Mediterráneos es de titularidad de los almerienses, y no sólo por un mínimo de delicadeza, sino también y por derecho, este cambio de nombre nos debería haber sido consultado.


Me espanta el negocio que como espectáculo (hoy no debe considerarse un deporte por sus implicaciones económicas, sino un negocio) ofrece el futbol cada día más. Es cierto que los espectáculos de masas siempre han sido una válvula de escape para las vivencias desesperantes en que se encuentra nuestra sociedad. No tengo nada que objetar a este principio terapéutico, pero si habrá que reconocer que en la actualidad ese alivio se ha convertido en una droga imprescindible que como en otros casos, sirve para enriquecer a los oportunistas y embrutecer en muchos casos a quienes la toman. 



Necesario es reconocer que el escapismo social ha tenido que ver con los espectáculos de masas, bien atestiguados desde los tiempos del Imperio Romano. Pero había una clara diferencia, aquellos eran gratis para los espectadores. Ahora, por el contrario, se ha convertido en un lucrativo negocio que juega con los sentimientos de las personas, además cobrándoles. 


Pero volvamos al principio. No me gusta nada el cambio de nombre del Estadio de los Juegos Mediterráneos: es ridículo, impuesto arbitrariamente y además en inglés. Una auténtica chapuza. 





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