Los peligros de volver a Primera

La coincidencia es un concepto que repele al espíritu del almeriense medio

La unanimidad es percibida en Almería como un factor de riesgo. Quizás no nos suene muy bien, pero deberíamos admitir con naturalidad que para muchos almerienses el consenso mayoritario es un terreno casi siempre fronterizo con el abuso, la arbitrariedad o la cacicada, como con admirable criterio ha definido el PSOE la intención del Ayuntamiento de cumplir con su refrendado programa electoral de remodelar la Plaza Vieja. Da igual que quieras mantener esa anticuada costumbre de cumplir lo prometido: como esa promesa no agrade a una minoría ruidosa y jactanciosa, lo que te proponías concluir no era más que una arbitrariedad oportunamente frenada por la sedicente e infalible voz del pueblo. Pero no nos desviemos. Ya digo que la coincidencia es un concepto que repele al espíritu del almeriense medio, que suele juzgar la sincronía de pareceres con la suspicacia que precede a la sospecha, porque en Almería todo movimiento de opinión mayoritario genera de modo espontáneo una corriente alternativa de oposición más o menos vehemente. Recuerden cuando hace cuarenta años los almerienses vivíamos con ilusión el anuncio de la llegada de la primera gran superficie comercial -el Pryca de toda la vida- y aquello acabó generando un debate sociopolítico de tal calado que cristalizó en concurridas manifestaciones que pronosticaban el apocalipsis comercial. Una década después, los almerienses estábamos como locos por tener un Corte Inglés en el centro y cuando todo se encaminaba a hacer realidad el sueño, llegó la Junta del PSOE de Sevilla a sacarnos del error y a explicarnos con precisión quirúrgica que aquello no era en realidad tan buena idea, porque esa firma comercial iba a esquilmar todo el catálogo de edificios históricos y de interés cultural de Almería y que iba a dejarnos el centro sin plazas escolares, sin aparcamiento y sin identidad local. Tanto insistieron en el mensaje que los de la firma se aburrieron y le pusieron la cruz para los restos a Almería capital. Como ven son dos leves anécdotas que ilustran la imposibilidad de mantener un estado de unanimidad sutil, ingrávido y gentil en nuestra ciudad. Por eso me van a permitir que me tire a la piscina con una predicción sociológica de calado: el día que el AVE esté enfilando finalmente su llegada a Almería, después de sortear décadas de trolas y abandonos ministeriales de todos los colores, surgirá una corriente ciudadana que se quejará amargamente de que los billetes son carísimos. Somos así, qué le vamos a hacer. Por eso, y aquí es donde quiero llegar, tengo que mostrar mi sorpresa por la -de momento- aparente coincidencia de parabienes y felicitaciones por lo que parece inminente regreso de la UD Almería a Primera División. ¿Toda Almería de acuerdo en algo? Pongan ahora la lengua en modo esguince y repitan conmigo: “rarrrro, rarrrrro, rarrrrrro”. Igual que Errol Flynn se mosqueaba por el silencio de la jungla infestada de japoneses en “Objetivo Birmania”, me inquieta el aparente silencio de La Hermandad del Santo Pero. Porque esto sólo puede presagiar la inminencia de un ataque preventivo que nos recuerde a todos los almerienses los enormes riesgos del éxito colectivo. Ascendemos PERO hemos perdido el espíritu almeriense del club. Subimos a Primera PERO perdemos proyección del fútbol base. El nuevo estadio mola PERO hemos perdido espacio para el atletismo. El proyecto tiene respaldo económico PERO ese dinero tiene un origen incompatible con la agenda 2030, etcétera. Lo de disfrutar de las cosas en paz y gracia de Dios parece estar al margen de nuestro código genético. Así que atentos a los próximos días. 






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