Mascarillas, caras y carotas

Nos hemos quitado las mascarillas y han aflorado todos los carotas y jetas que hay en España

Javier Adolfo Iglesias
08:59 • 28 abr. 2022

Nos hemos quitado las mascarillas y han aflorado de golpe todas las caras, incluidas las de los muchos caraduras del ruedo ibérico.


Como Medina y Luceño, dos carotas sacados de una historieta de Bruguera. Serían los Steve Seagal y Van Damme protagonistas de·’El comisionista” pero con pelotazos en vez de mamporros. De haber sido española la famosa película ‘El Golpe’ se habría llamado así, ‘El Pelotazo’, por mucho que el Dioni no tuviera la faz de Paul Newman.


Han coincidido en el mismo terreno jeta Gerard Piqué y el tal Rubi, que como  Leblanc y Ozores le hicieron el tocomocho de la Supercopa a la muy democrática Arabia Saudí.



El republicano independentista catalán no se ha cortado en mangonear el fútbol de España y pedir ayuda al rey emérito en este timo balompédico. Y su aliado federativo ha presentado esta lucrativa operación como un logro histórico para las mujeres saudíes a la altura de la lucha de las sufragistas. Es de echarle morro, y mucha cara. Tanta como la de los políticos independentistas catalanes, reyes del ‘caradureo’ durante años, con su cansino y machacón procés de consignas falsas que los periodistas han repetido sin cara de duda.


Ahora toca otro agravio, y se nos queda cara de tontos al oir que estos tipos que intentaron crear su Donbás con barretina buscando el apoyo de Putin y sus ‘trolls’, ahora se hacen los dignos por haber sido espiados. De cemento armado.



Gracias a Sánchez por convertir Pegasus en el caballo de Troya de nuestra democracia. Cara de tonto se nos queda a muchos al ver a la presidenta del Congreso Batet anunciando “por sentido de Estado” que cumplirá con el chantaje de los socios sanchistas que quieren acabar con el español. “A mi dame la televisión y el CNI”, dijo aquel otro caradura que abandonó a sus votantes.  


Paradójicamente, Puigdemont y su enorme panda de jetas con sueldo fueron apoyados por Julian Assange, famoso por espiar, robar y vender datos, informes y mensajes privados a diarios muy serios. Assange fue el primer ‘megahacker’ planetario con antifaz de luchador ético por el pueblo. Como los Anonymous de careta daliniana. Facebook se traduce como ‘caralibro’ y todo su mundo digital, como el Twitter de Munsk, han fomentado el enmascaramiento de personas y hechos. Y este anonimato ha sido y es uno de los factores esenciales del auge del populismo que, por ejemplo, parte en dos a los franceses tras las presidenciales.



En el otro extremo, da la cara de forma heróica el presidente de Ucrania. Al valiente Zelenski lo visitó nuestro ‘cara bonita’ de la política. Sánchez pudo contener su sonrisa y bamboleo de caderas ante las fosas comunes de Ucrania pero a Zelenski se le habría quedado ‘cara de desnortado’ de haber sabido que los socios ‘podemenses’ de su visitante español volvían a pedir que no se les envíe las armas que suplica para sobrevivir como Estado.


El servicio secreto ucranio ha sido fundamental para pararle los pies a Putin, con su cara momificada en formol megalómano. Por eso, no daría crédito Zelenski si supiera lo que está ocurriendo en España con el CNI y que a Margarita Robles se le está poniendo cara de ucraniana, digna y con coraje.


Abandonadas las mascarillas, no existe ese falaz ‘síndrome de cara vacía’ en este país de carotas, jetas y caraduras.  


Frente a los caretos están los rostros, absolutos y divinos, como dirían Picard y Levinas. El rostro es un universo humano único e irrepetible, donde uno puede perderse en su eternidad, en la belleza de cualquiera de sus pliegues, en la sonrisa o mirada de la persona querida. Por eso no soportamos ver frente a frente los rostros cuando pierden la vida, y tenemos que taparlos, como los de los más de doscientos niños ucranianos que han sido asesinados por el rostro del mal.


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