Tengo un plan

“En Moncloa ya han dicho que no a una bajada de impuestos“

Victoria Lafora
08:59 • 21 abr. 2022

Feijoo ha decidido demostrar que su llegada a Génova 13 no es solo un cambio de caras en el principal partido de la oposición, si no que significa nuevas propuestas. Tras su reunión el martes con los sindicatos y la patronal, a los que explicó detalladamente el plan que va a proponer a Sánchez el viernes, hoy lo ha hecho ante el Comité Ejecutivo de su partido.



El lema, lo que quieren vender, porque da muchos votos en un momento de incertidumbre económica, es una bajada temporal de impuestos, aplicable a las rentas medias y bajas, Medida que el presidente andaluz, Juanma Moreno, aplaude hasta dolerle las manos, mientras deshoja la margarita de la fecha de su cita electoral.



En Moncloa ya han dicho que no a una bajada de impuestos, justificando la necesidad de incrementar el gasto público para ayudar a los sectores más desfavorecidos. Lo que viene a ser lo mismo que propone el PP pero por otras vías. Pero hay en el plan de Feijoo otras medidas que, de aceptarse, serían muy positivas para reducir costes de la administración y un mejor control del gasto. Como, por ejemplo, la racionalización del gasto burocrático, que a su juicio, es “excesivo e injustificable”. Y tienen razón. Defenderá también una mayor intervención de la AIREF, el organismo de control de las inversiones públicas que permita saber dónde se invierten los fondos y cuál es el resultado de la gestión de las administraciones. Después del escándalo por los contratos de las mascarillas, parece imprescindible multiplicar los controles.



Con este plan, el nuevo líder popular pretende que los recelos por los pactos con VOX queden en segundo plano frente a las propuestas de mejoras en la vida de los ciudadanos. El PP ya no está en la guerra del no por el no, quiere ser la alternativa. Por eso ignora los gestos de Ayuso, su protagonismo en Valladolid soltando frases como “socialismo free” como alternativa.



En cuanto a la renovación del Consejo del Poder Judicial, las negociaciones van a empezar de cero y la disposición es cerrarlo cuanto antes. Han cambiado los interlocutores y también la disposición al diálogo. Discretamente, como le gusta al político gallego, los contactos con Moncloa se mantienen y el apoyo a su plan, por parte de la patronal, ha sido nítido.



Si, además, los dos partidos alternativa de gobierno fueran capaces de llegar a un acuerdo que permitiera gobernar a la lista más votada, los riesgos de polarización de la vida pública quedarían conjurados. Ya no haría falta contar ni con la extrema derecha ni con con los independentistas para un futuro Gobierno.



En Moncloa pueden empezar a ponerse nerviosos si tienen que decir reiteradamente que no a propuestas de mejoras de gestión, de control del gasto público y de situar a los extremismos fuera del poder.




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