Descontento imparable

Sánchez se ha comprometido a bajar los precios del gas, la luz y la gasolina

Fermín Bocos
08:59 • 23 mar. 2022

El ¡Basta ya¡ de los agricultores, los ganaderos, los pescadores y los camioneros acogotados por las subidas de precios de los carburantes, la electricidad y los insumos son la expresión de un malestar de fondo que amenaza con convertir la marea de las manifestaciones en la tormenta perfecta que puede desembocar en desabastecimientos y altercados varios.



La España interior y la periférica que vive de la pesca no pueden hacer frente a un estado de cosas que aboca a pescadores, ganaderos y agricultores a vender sus productos a precios inferiores a lo que les cuesta producirlos. La multitudinaria y pacífica manifestación que el pasado domingo desbordó el centro de Madrid --más de trescientas mil personas, la mitad de esa cifra según la Delegación del Gobierno-- fue un acto de protesta impresionante ante el que un Gobierno sensible a los problemas acuciantes de los ciudadanos debería haber reaccionado convocando a los representantes de los diferentes sectores implicados para analizar la situación y buscar una salida. No ha sido así. El Gobierno titubea y posterga. Mientras en otros países de la UE algunos gobiernos ya han tomado medidas para rebajar directamente el precio del gasóleo --caso de Francia, Italia o Portugal--, aquí la respuesta es que hay que esperar al 29 de marzo. ¿Por qué? Pues porque Pedro Sánchez se ha empecinado en dilatar la solución al problema. Tomará una decisión a partir del resultado de sus conversaciones con diferentes líderes europeos para reformar el sistema de fijación de precios en el mercado energético separando el precio del gas del coste final de la electricidad.



Sánchez se ha comprometido a bajar los precios del gas, la luz y la gasolina pero no ha dicho ni cuánto ni cómo piensa hacerlo. Sí va por vía de Real Decreto tendrá que ser convalidado por el Congreso y tal y como están las cosas, por diferentes motivos -envío de armas a Ucrania o cambio de política a favor de las pretensiones de Marruecos sobre la soberanía del Sahara- tiene a sus aliados parlamentarios en contra, incluidos los que forman parte del Gobierno. Por lo que quizá tendrá que buscar el apoyo del PP (con Núñez Feijóo ya al frente), situación a todas luces incómoda incluso para un acreditado funámbulo como Sánchez. Los problemas se acumulan y el Gobierno los sortea trampeando, pero la realidad, los hechos, son tozudos. O el Gobierno consigue pacificar la situación o el descontento social crecerá hasta hacerse imparable.








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