Alambradas

“Es intolerable que Moreno Bonilla esté jugando con los andaluces para aprobar un presupuesto”

Quienes leyeran la novela del escritor irlandés John Boyne, “El niño con el pijama de rayas”, seguro que se conmovieron con muchos pasajes, como en este, donde describe las grandes diferencias de salubridad entre el hijo de un alto cargo del ejército nazi, y otro hijo judío del campo de concentración: “Aunque Bruno era bajito para su edad y no tenía nada de gordo, su mano parecía sana y llena de vida. Las venas no se traslucían; los dedos no parecían ramitas secas. En cambio, la mano de Shmuel sugería cosas muy diferentes.”


Hoy que todo el mundo realizará discursos grandilocuentes porque reivindicamos los derechos del y la menor, en el llamado primer mundo, vivimos con infinidad de alambradas como las del campo de concentración que describe Boyne. Ya sean a modo de brecha digital, como menores con acceso al último capricho tecnológico, frente a quienes casi no tienen acceso a electricidad, o alambradas más fuertes como las de  platos vacíos de muchos menores cada día, mientras otros, junto a los que se sientan cada mañana en clase cuando sus familias tienen la fuerza de llevarlos, tiran incluso a la papelera la mitad del desayuno.


El Alto Comisionado para la lucha contra la pobreza infantil indica en sus estudios que, por ejemplo, en Almería, la tasa de riesgo de pobreza infantil es de 40’6. ¿Cómo podemos hoy hablar de derechos del menor con esa alambrada que nos sonroja a una sociedad que no reacciona ante la injusticia?



Las políticas de Sánchez buscan paliar esta situación acentuada por el austericidio de la derecha en la anterior crisis económica. Por eso, es intolerable que Moreno Bonilla esté jugando con los andaluces para aprobar un presupuesto, cuando lo que busca es adelantar elecciones, cerrando la puerta a reactivar la economía con los más de 2300 M€ transferidos por el Gobierno de Sánchez.


Así como “Que uno contemple el cielo por la noche, no le convierte en astrónomo”, como bien destacaba Pavel, el camarero judío en la casa de Auschitz donde habitaba el protagonista de la novela de Boyne, algunos han sido nombrados políticos para contemplar desde las instituciones públicas las miserias de la ciudadanía, pero les falta mucho, mucho para convertirse en verdaderos políticos que velen por los derechos de todos, en especial de nuestros menores.





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