Necios por la senda errada

No es verdad que los conflictos sean irresolubles.

El conflicto se ha instalado en la política y en los medios de comunicación y la imposibilidad de solucionarlo por los medios adecuados no solo afecta profundamente a los ciudadanos, sino que, además, deteriora el prestigio de las instituciones y la imprescindible confianza social en el sistema democrático. Los conflictos que no se resuelven, que se aplazan o que se tratan de manera equivocada socavan los cimientos de la democracia.

Lo tenemos claro en asuntos como la no renovación del Consejo General del Poder Judicial o del Tribunal Constitucional donde ni el PSOE quiere cambiar nada ni el PP acepta cerrar el asunto y empezar a negociar. En el mal llamado conflicto entre Cataluña y España se ha abierto una negociación a largo plazo entre ambos Gobiernos que no es entre dos iguales ni busca resolver el problema sino, simplemente, aplazarlo para garantizar la permanencia en el poder de los dos protagonistas, ERC y PSOE.


A cualquier precio. En el problema más importante que tenemos ahora, la recuperación económica, una vez que parece superada la pandemia, el Gobierno sigue empeñado en la primacía del sector público y en la escasa o nula negociación con el sector privado, incluidas las pequeñas y medianas empresas, cuando éste es el motor de la recuperación y de la creación de empleo.



También los periodistas y los medios de comunicación ayudamos no a resolver el conflicto, sino que, en muchas ocasiones lo alentamos o utilizamos. Como escribe Ana Ruiz en un interesante artículo en la revista “Acontecimiento”, “es precisamente esa presión informativa constante la que agrava la sensación compartida de vivir en una conflictividad acentuada e irresoluble hasta el punto de asfixiarnos como individuos y como sociedad en extremos inéditos hasta ahora”.


No es verdad que los conflictos sean irresolubles. Ninguno. Lo que hace falta es voluntad para afrontarlos y método y plazos para combatir el potencial destructivo que encierran. Y sí se puede. Se pueden resolver los conflictos en la Justicia, en la educación, en los planes para la recuperación económica, el conflicto entre catalanes --el primer dialogo tienen que ser entre ellos para que una mitad no se apropie de la voz de todos-- o cualquier otro, si realmente hay voluntad de hacerlo, si se pone en primer lugar a los ciudadanos y si los que están obligados a negociar no se empecinan en buscar el beneficio personal, en engañar a todos y en caminar por donde no hay salida. Lo dijo Quevedo: “Cargado voy de mí, veo delante/ muerte que amenaza la jornada. / Ir porfiando por la senda errada/ más de necio será que de constante”.




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