España en el mundo

Llevábamos un año muy “tranquilo” y ahora esto, lo de Ceuta. Una invasión a la marroquí, cuya dictadura cuenta con el respaldo de Estados Unidos por su condición geoestratégica y su reciente reconocimiento a Israel. La real politik choca con los postulados éticos y las amistades entre las naciones. Hillary Clinton ya le dijo en 2012 al exministro español de Exteriores, José Manuel Margallo, que a causa de la retirada de las tropas españolas en Irak podían trasladar las bases de Rota y Morón a Marruecos, su nuevo mejor amigo en la región. 


Las relaciones internacionales son extraordinariamente complejas y aún más con nuestro vecino, que de vez en cuando abre el grifo de las fronteras para lanzar a sus súbditos al mar, incluidos niños y madres con sus bebés, sin importarle que se ahoguen. Mohamed VI practica esta política miserable y como tiene el respaldo de la primera potencia mundial se sabe intocable. La guerra fría terminó con la caída del comunismo pero ahora el tablero internacional contiene más actores y la disuasión entre unos y otros no se mide en amenazantes cohetes, como en la crisis de los misiles de Cuba de 1962, sino en olas migratorias y subida de aranceles. A eso súmale conflictos permanentes como el del Sáhara o el sempiterno entre Israel y Palestina para tratar de comprender por qué no estamos en el “fin de la Historia”, que aventuraba el politólogo Francis Fukuyama. Más bien nos encontramos en una nueva era.


La situación de España es difícil, porque a pesar de que pertenecemos a la Unión Europea, que esta vez se ha mostrado firme en el apoyo a nuestro país, ya no somos tan determinantes desde el punto de vista geoestratégico. Y la influencia de la UE en el mundo ha quedado también en entredicho tras los arrumacos de EEUU a Marruecos. Qué lejos quedan los años del Plan Marshall.



En definitiva, esto es un quilombo de grandes magnitudes. Y desafortunadamente Ceuta y Melilla seguirán pagando el pato mientras España no tenga capacidad disuasoria y negociadora y fortaleza como nación. La Unión Europea, que se ha visto amputada con la salida de Reino Unido, también debe plantearse su verdadero rol en el mundo. Estamos viviendo una jugada de ajedrez y nosotros ahora mismo somos los peones. Si queremos que el régimen alauita no vuelva a tocarnos las narices y que deje en paz para siempre a Ceuta y Melilla debemos aspirar a ser una figura relevante del tablero. Pero para eso tendríamos que cultivar una gran ambición como país, fijarnos el objetivo muy claro de ser una primerísima potencia con mando en plaza. Hay que trabajar duro, ser muy competitivos y no ir al remolque de la Historia. En suma, debemos ser los protagonistas, no los espectadores, como hoy, que observamos, impotentes, cómo el vecino del sur manipula a su gente para ir avanzando posiciones. 




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