Superliga

Fue noticia durante unos días y ya nos parece que ocurrió en el Pleistoceno tardío. Les recuerdo: Florentino Pérez, ese ser superior que decía Butragueño, acudió a El Chiringuito, pero no para bailar al son de Georgie Dann sino para cantar las bondades de la nueva Superliga. Sí, aquel campeonato ultragaláctico que iba a cuadrar las cuentas de los decaídos clubes de fútbol y, en consecuencia, nos permitiría seguir disfrutando a los espectadores españoles de las carreras de Vinicius (sic) y compañía. 


El presidente del Real Madrid dijo en aquella entrevista que la Superliga venía a salvar el fútbol, que era por el bien del fútbol (cuando escribo esto veo en mi cabeza la divertidísima imitación del humorista Carlos Latre en El hormiguero). Pero al día siguiente la UEFA empezó a proferir amenazas y los clubes huyeron como alma que lleva el diablo, olvidándose inmediatamente de salvaciones balompédicas. Así que Florentino Pérez se quedó en casa balbuciendo en varias lenguas muertas porque lo habían dejado con el culo al aire. A él, al ser superior que todo lo provee


A mí, qué quieren que les diga, el anuncio de la Superliga ya me pareció extraño: un domingo por la noche mediante una triste nota de prensa y coronado al día siguiente con una entrevista exclusiva mundial de Florentino en un programa llamado El Chiringuito. No en El Larguero o en El Transistor sino en El Chiringuito. Y ahí estaba Carlos Latre, perdón, Florentino Pérez, defendiendo la ‘ideaza’ de un campeonato en el que participarían los principales clubes europeos, pero que no habían aparecido por ningún lado en la noche de autos.  



La puesta en escena fue manifiestamente mejorable. No hubo aquel domingo presentación en sociedad ni por supuesto foto de familia de los protagonistas del nuevo torneo que habría de resucitar a los clubes europeos. Lo cual extraña aún más cuando el impulsor era un avispadísimo hombre de negocios como Florentino Pérez que, si algo no tiene, es un pelo de tonto. 


Quiero decir que el asunto tenía más apariencia de medida de presión hacia la UEFA para exigir un mayor reparto de dinero entre los grandes clubes que de realidad. Pues a nadie se le escapa que, de ser verdad el proyecto que anunciaba el presidente merengue, habría merecido un generoso dispendio en imagen y marketing, con bombos, platillos y confeti, y junto a las grandes estrellas del planeta futbolístico en un evento de boato. Y de fondo la canción de Queen ‘We are the champions’ para tocar un poco las narices a la UEFA.



En comunicación y marketing, no digamos en política, decimos que si no hay foto no hay noticia y eso lo sabe hasta el que asó la manteca. Porque de lo contrario la gente guardará en su memoria algo muy volátil, como a un tipo apellidado Pérez intentando vender en una televisión un torneo continental, pero con más pena que gloria. Ya saben: que el fútbol está arruinado y todo eso. Y es que la foto es icono y es memoria. Piensen, si no, en la nueva y formidable serie ‘Palomares’, que se emite en Movistar. ¿De qué se acuerdan del incidente nuclear de 1966? De la foto de Fraga bañándose en la playa, ¿verdad? Pues eso. Ahora piensen en la Superliga. A mí se me vienen a la cabeza El Chiringuito y Carlos Latre. Súper, súper.



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