Un vaso de leche con…

Recuerdo aquella escena en blanco y negro de ‘Sospecha’ (Hitchcock, 1943), en la que Cary Grant se pasea por el hall en penumbra de la casa de Joan Fontaine para subir una larga escalera portando cuidadosamente y con una frialdad impecable una bandeja con un vaso de leche para ella, quien le espera en la cama con rostro compungido y con total desconfianza hacia él; la sospecha de que aquel vaso de leche portara alguna sustancia venenosa era más que latente en el ambiente que el genio del suspense logró impregnar a la escena.


Esa sensación de sospecha acompaña a quienes nos hablan de libertad con tanto descaro; y es que pedir libertad cuando está en tu mano desde hace tiempo, muestra que has sido incapaz de dar lo que ahora pides o, no sé qué es peor, estás sacando de la chistera una circunstancia que en nada se corresponde con la realidad, lo que nos lleva a sentirnos angustiados por el ofrecimiento amenazante de un vaso de leche envenenada que nos llevará al abismo.


Ante esto, y ante los sucesivos fracasos de liderazgo, ante la falta de una oferta ilusionante, ante la incapacidad de anteponer el interés general al personal, ante la constante aniquilación de quienes pueden aportar al proyecto común, para colocar a amiguetes y a muchas personas sin oficio ni beneficio que te lo deban de por vida, digo, ante esto, solo se puede responder con la fuerza del cambio, desde la cercanía, como es el municipalismo, desde el diálogo también con el diferente, no desde la imposición con puño de hierro, y así volver a ilusionar a la gente, porque es complicado que te ilusione quien antes te desilusionó.



Uno de los tipos de Martínez Ares en el carnaval de Cádiz fue La milagrosa, charlatanes de feria que vendían pócimas para todo con alegría, soluciones milagrosas que ni ellos olían por si les sentaba mal, cantaban en su estribillo “…, yo que todo remedio, yo que todo lo sé, y no tengo en el carro para ti un milagro, mala puñalá me den” Pues debemos ser astutos y alejarnos de charlatanes que abanderan la libertad adueñándose de ella, ya sea a la madrileña o a la andaluza, y que tienen milagros para todo y para nada a la vez, pero pretenden mandarnos a la cama con un vaso de leche caliente y unas gotitas de no se sabe qué.





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