Si Ortega levantara la cabeza...

Fue hace noventa años, en 1931, cuando Ortega y Gasset escribió en Crisol su famoso artículo 'El Aldabonazo', denunciando los primeros excesos y errores de la naciente República por la que él había abogado. Veo que los cenáculos y mentideros capitalinos citan estos días mucho aquel alarmado artículo de Ortega e incluso hablan, como este domingo el editorial de un muy influyente periódico madrileño, de la necesidad de "recoser un país abierto en canal".

Viene esto ahora a cuento de la deriva desastrosa de la campaña electoral madrileña, que se ha quedado sin debates 'ordenados' y con demasiadas cartas-bala, pero tampoco es nuevo: intermitentemente, en España hablamos del peligro de convertirnos en 'un Estado fallido' y la evocación guerracivilista resurge con preocupante frecuencia. Y la verdad es que, para mí, parafraseando en sentido diferente al propio Ortega, "no es esto, no es esto": no podemos correr el riesgo de que un pesimismo excesivo nos acabe llevando a la nacional-apatía.

Cierto es que son demasiadas las cosas que o no funcionan o funcionan francamente mal. Pero al país, que es más su sociedad civil de lo que aquellos que quieren mandarnos se imaginan, está cumpliendo con cierta dignidad el tránsito por el período más difícil que hayamos afrontado desde la guerra civil. Con altibajos y claroscuros, en parte derivados de las deficiencias europeas, se está vacunando a millones de personas; a trancas y barrancas hemos logrado elaborar un plan económico que presentar a Europa (parece que hasta con faltas de ortografía, eso sí); con mayores dificultades aún, los pequeños y medianos empresarios tratan, y muchos logran, de levantarse del golpe sufrido por culpa de la pandemia... Es el nuestro un país en trance de recuperación. Difícil, pero posible. Lo lograremos.



Claro que es una recuperación lastrada por los fallos, egoísmos e ignorancias de nuestros representantes, eso que dio en llamarse --nunca me ha entusiasmado el término-- 'clase política'. Todos sus defectos se van plasmando campaña electoral tras campaña electoral, ya sea en Cataluña --donde los independentistas no consiguen salir del marasmo que ellos mismos han creado-- o en Madrid. O en Murcia o en Castilla y León, yo qué sé.

Resulta urgente saber si de la recomposición que va a salir de las urnas de Madrid el 4 de mayo surgirá una nueva reflexión, un colectivo 'no es esto, no es esto' que nos adentre hacia nuevos caminos. Y es importante también esperar que sindicatos, patronal y autoridades laborales (confío bastante en la titular de Trabajo, que lo es mucho más que vicepresidenta, Yolanda Díaz) serán capaces, plasmado ya en este mismo 1 de mayo, de alumbrar una suerte de nuevos Pactos de La Moncloa que alejen sombras de enormes desigualdades. Unas desigualdades que hasta la nada extremista vicepresidenta Nadia Calviño ha subrayado a cuenta del despropósito de echar a decenas de miles de trabajadores de la banca.



Vivimos, pues, ante decisivos días en el comienzo de este mes de mayo. Pocas veces la jornada de la Fiesta del Trabajo ha sido más comprometida que en esta ocasión, en la que millones de españoles se sienten amenazados en su futuro laboral. Pocas veces la rememoración de los sucesos 'patrióticos' del 2 de mayo, con aquel 'españoles, la patria está en peligro, acudid a salvarla', ha tenido un sentido más unívoco. Y, claro, pocas veces, e incluyo en esto a Cataluña, unas elecciones autonómicas presagiaron tal recomposición política como la que ahora entrevemos.

No, la República no está en peligro, entre otras razones porque no la hay en términos estrictos. Tampoco, creo, lo está la Monarquía, al menos de manera inmediata. Lo que para mí está en entredicho, contra aquel desafortunado eslógan de la propaganda oficial, es que de esta estemos saliendo más fuertes y más unidos. Todo lo contrario: quizá sea cierto que haya que aplicarse a la tarea de recoser ese país abierto en canal del que hablaba el editorial citado. A nosotros, los medios, tan denigrados por algunos participantes en la actual campaña electoral madrileña, nos toca dar los aldabonazos pertinentes. Ojalá sepamos estar a la altura, aunque no sé si Ortega se atrevería a escribir aquí y ahora aquel artículo.


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