Valoración de la producción hortofrutícola y medio ambiente

Andrés García Lorca
07:00 • 09 abr. 2021

Es muy corriente identificar el medio natural con el medio ambiente y ello es un error, pues el concepto de medio ambiente se aplica a todo lo que nos rodea incluyendo por supuesto el medio natural, pero además incluye todos los productos fruto de la acción humana en el mismo y sobre el mismo.


Es cierto que el valor de un producto agrícola depende de sus características intrínsecas y que estas cumplan con las expectativas que de ellas se demandan, como funcionalidad alimentaria, salubridad y agradable percepción organoléptica; pero además hay otros factores que vienen a completar ese valor, como es el medio natural donde se produce, pues supone una garantía de origen en el desarrollo de sus características propias. A esta valoración inicial hay que añadirle otros factores, los que posibilitan que el producto que llega al consumidor, se realicen en unas condiciones que no mermen sus valores y características de origen, de ahí la importancia de los procesos de manipulación, transporte y comercialización, siempre con la trazabilidad como referencia.


Hay otro valor que no depende del producto en sí mismo, que es ajeno al mismo, pero que es clave a la hora de configurar el precio y es el que le concede el mercado, que a su vez se instrumentaliza por otro conjunto de factores, tales son los costos de producción, la originalidad y rareza, la abundancia o escasez y desde hace ya tiempo, las condiciones socioeconómicas de las zonas de producción, es decir el conjunto de valores, situaciones y formas de relación socioeconómica que se establecen y su expresión en la realidad territorial.



Un medio ambiente natural y socialmente degradado supone un factor negativo en la valoración de un producto, pues, de alguna manera, empaña lo que es la calidad intrínseca del mismo; y esto se percibe a través de los distintos elementos territoriales, calidad del medio natural con sistemas eficientes de control e higiene ambiental, medio urbano y residencial adecuado al desarrollo humano integral, servicios generales universalizados, infraestructuras de relación y abastecimiento eficientes. En definitiva, un modelo territorial coherente con el modelo productivo. No es posible mantener un modelo productivo de primer nivel en un contexto socioeconómico con bolsas de degradación ambiental y social. De ahí la necesidad de corregir esos desequilibrios.


La conclusión que se deriva de lo expuesto es simple en su formulación, pero compleja en su ejecución. Almería tiene un sistema de producción hortofrutícola de primer nivel que no se corresponde con las características de su entorno territorial y este desajuste es un factor de debilidad que, oportunamente manejado por la competencia, genera una depreciación de la producción.



Debe quedar claro que esta acción de corrección de desequilibrios y contradicciones, no es responsabilidad exclusiva de los productores, es en gran medida de los poderes públicos, pues son ellos a los que les compete la exigencia de la equidad y el equilibrio social; pero no solo generando exigentes normativas, sino aplicando los recursos económicos necesarios para estas acciones de corrección, como pueden ser las soluciones habitacionales para la población, por significar un ejemplo.




Temas relacionados

para ti

en destaque