Titulares e interrogaciones

Algunos lectores se preguntan y me preguntan por mi tendencia a titular artículos con interrogaciones, en vez de hacerlo asertivamente. Por ejemplo: ¿Para qué sirve el matrimonio?, ¿Por qué no estamos informados?, Barcelona, capital ¿de qué?

Reconozco que es un recurso literario. Pero también una cuestión de principio en un mundo en el que abundan más las incertidumbres que las certezas, en contra de lo que le gusta creer a la gente, que se parte el pecho por lo que para ella son verdades incontrovertibles.

Vivimos un mundo que va perdiendo los matices, en el que todo se vuelve blanco o negro, sin dejar cabida al gris, según sean los prejuicios ideológicos de quienes se decantan por una cosa o la contraria. 



Y el asunto no es tan sencillo. No suele haber respuestas unívocas para las cuestiones con que nos tropezamos en nuestra vida. Es más, estamos siempre aprendiendo si nos atrevemos a dudar, a no dar nada por sentado, en dejar que penetre en nosotros el principio de contrariedad.

Se argüirá que ésa es una manera de escurrir el bulto, de no comprometerse con nada, de ser deliberadamente tibio y no tener convicciones ni principios. Al contrario, al menos en mi caso, que me gusta mojarme y decir siempre lo que pienso, Pero, insisto, no hay que pontificar, sino dejar que las ideas opuestas también tengan cabida y puedan expresarse.



Precisamente, esa cerrazón a ideas nuevas o distintas, que no nos satisfacen o se enfrentan a nuestros prejuicios es lo que nos está llevando a una sociedad de contrarios en vez de colaboradores y de enemigos en vez de disidentes. Si seguimos por ahí, cuando queramos remediarlo será ya demasiado tarde.


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